La Habana amaneció este 2 de enero envuelta en un silencio que pesa. Nada que ver con aquellas madrugadas de música, gente en la calle y brindis improvisados. Esta vez, la capital despertó vacía, apagada y cansada, como si el calendario hubiera avanzado pero el ánimo del país se hubiera quedado atrás.
Un video compartido por el creador de contenido cubano Jonix Doce muestra avenidas céntricas completamente desiertas, comercios cerrados y edificios que ya no esconden el desgaste. No hay tráfico, no hay ruido, no hay señales de celebración. Solo una ciudad detenida, mirando al suelo.
Las reacciones en redes sociales no tardaron. “Mi Cuba está triste”, escribió una usuaria. Otros hablaron sin rodeos del deterioro visible y de la nostalgia por una ciudad que alguna vez fue vibrante. Los emojis de llanto y corazones rotos no son exageración: son la traducción digital de un estado de ánimo colectivo.
El video recorre varios puntos del centro habanero y deja una sensación inquietante. La vida parece haberse replegado puertas adentro, no por recogimiento, sino por agotamiento. No hay fiestas porque no hay ánimo. No hay gente porque no hay energía, ni eléctrica ni emocional.
Este inicio de 2026 llega marcado por el frío, los apagones, la escasez y una crisis que ya no sorprende, pero sí desgasta. La Habana luce como una postal melancólica de un país que sobrevive a base de costumbre, no de esperanza.
El contraste es brutal. Mientras el discurso oficial insiste en normalidad y resistencia, la ciudad cuenta otra historia. Una donde el silencio no es calma, sino resignación. Donde cada amanecer se parece menos a un comienzo y más a una espera interminable de un cambio que sigue sin llegar.







