En medio de tantas malas noticias, apagones interminables y preocupaciones diarias, La Habana recibió una historia que provocó sonrisas y suspiros. En el hospital González Coro nacieron trillizos y mellizos, un acontecimiento poco común en Cuba que muchos ya califican como una verdadera “alerta de ternura” en tiempos difíciles.
El hecho, ocurrido recientemente en esta conocida maternidad habanera, fue celebrado tanto por el personal médico como por las familias involucradas. No es algo que se vea todos los días, y menos en un país donde traer un hijo al mundo se ha convertido en una auténtica prueba de resistencia.
Y es que, en la Cuba actual, llevar un embarazo a término no es tarea fácil. Entre apagones que duran horas, escasez de alimentos, falta de medicamentos y un transporte cada vez más caótico, muchas mujeres viven la gestación con más ansiedad que tranquilidad. Si ya un embarazo supone retos, imaginar lo que significa esperar trillizos pone la piel de gallina.
Curiosamente, no es la primera vez que ocurre algo así en el González Coro en poco tiempo. Hace apenas un mes, el propio hospital había informado sobre un nacimiento múltiple similar, lo que hace que este nuevo caso resulte aún más llamativo para médicos y pacientes.
Desde el punto de vista médico, el nacimiento de trillizos es extremadamente raro. Según datos especializados, este tipo de embarazo ocurre de forma natural en uno de cada 7,000 a 10,000 casos, lo que convierte este parto en un evento excepcional dentro de cualquier sistema de salud, y más aún en uno tan golpeado como el cubano.
Pero más allá de la emoción familiar y la sorpresa médica, la noticia llega en un momento complejo. Cuba atraviesa una profunda crisis económica y sanitaria, donde miles de embarazadas luchan diariamente para conseguir una dieta adecuada, vitaminas, medicamentos básicos o simplemente llegar a tiempo a una consulta médica.
En muchos hogares, la pregunta no es solo cómo preparar el ajuar del bebé, sino cómo garantizar una comida decente al día siguiente. La falta de recursos ha hecho que la maternidad se viva con incertidumbre, miedo y una carga emocional enorme.
En este contexto, cada embarazo que llega a buen término se convierte en un pequeño milagro. Para las madres cubanas, parir hoy es un acto de valentía, resistencia y esperanza. Y cuando se trata de mellizos o trillizos, el desafío se multiplica… pero también la alegría.
Las familias de estos recién nacidos celebran con emoción, aferrándose a la vida y a la ilusión de un futuro mejor, aunque el presente sea complicado. Sus historias recuerdan que, incluso en medio de la escasez y el desgaste del sistema de salud, la vida sigue abriéndose paso.
Estos nacimientos no solo despiertan ternura; también funcionan como un espejo de la realidad cubana. Una donde traer hijos al mundo requiere más coraje que nunca, y donde cada llanto de recién nacido es, al mismo tiempo, un motivo de celebración y una pregunta abierta sobre lo que vendrá.










