El secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba, Roberto Morales Ojeda, celebró este 1 de enero el 61 aniversario del triunfo de la Revolución con un mensaje que parece sacado de una cápsula del tiempo. En su publicación, calificó al pueblo cubano como “protagonista principal de la resistencia y la victoria”, justo cuando millones de personas comenzaron el año entre apagones, escasez de alimentos y una incertidumbre que ya no se disimula.
“Comienza 2026, el Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Un abrazo a nuestro heroico pueblo”, escribió el dirigente en X, acompañando el texto con una imagen conmemorativa que mezcla aniversarios, consignas y la omnipresencia simbólica de Fidel. Todo muy épico. Todo muy ajeno a la Cuba real.
El mensaje no sorprende. Morales Ojeda se ha convertido en uno de los rostros más visibles de una retórica oficial optimista que ignora sistemáticamente el colapso cotidiano. En noviembre llamó a los jóvenes a “aprovechar las oportunidades”, desatando una avalancha de respuestas que le recordaron algo elemental: en un país sin comida estable, con apagones de hasta 20 horas y salarios pulverizados, las oportunidades brillan… pero por su ausencia.
Semanas antes había citado a Fidel Castro para asegurar que “la Revolución es la única capaz de resolver los problemas del país”, incluso mientras comunidades enteras seguían golpeadas por el huracán Melissa y la ayuda estatal llegaba tarde, mal o nunca. También defendió los supuestos logros de la medicina revolucionaria en pleno colapso hospitalario, con falta de insumos básicos y brotes de dengue y chikungunya descontrolados. La épica siempre llega antes que la solución.
En diciembre, durante el XI Pleno del Comité Central del PCC, repitió el ya gastado libreto sobre “errores”, “distorsiones” y “tendencias negativas”, sin una sola autocrítica real ni una propuesta concreta que apunte a un cambio estructural. La responsabilidad política sigue siendo una palabra prohibida dentro del aparato partidista.
Ahora, con el inicio de 2026 —rebautizado por el régimen como el “Año del Centenario de Fidel Castro”—, el discurso oficial vuelve a refugiarse en la figura del líder histórico como tabla de salvación simbólica. Cuando no hay resultados, hay consignas. Cuando no hay respuestas, hay aniversarios.
Mientras tanto, el pueblo al que Morales Ojeda llama “victorioso” sobrevive como puede. No protagoniza victorias: resiste porque no le queda otra. Y cada mensaje triunfalista desde el poder no hace más que profundizar la brecha entre un país real, cansado y empobrecido, y una élite política que sigue celebrando revoluciones imaginarias desde la comodidad del discurso.







