Un almuerzo navideño que dice más que mil discursos en Cuba

Redacción

En medio de tanta escasez y malas noticias, un gesto sencillo logró tocar fibras profundas en redes sociales. El influencer cubano Ydalgo Martínez invitó a varios ancianos sin recursos a compartir un almuerzo navideño en un restaurante privado de La Habana, y el resultado fue tan emotivo como revelador.

Martínez, creador de contenido enfocado en temas culinarios, volvió a poner el dedo en la llaga al mostrar una Cuba que muchos prefieren ignorar. Lo hizo sin discursos grandilocuentes ni poses, solo con un acto humano que dejó al descubierto una realidad social cada vez más cruda.

En el video compartido en Instagram, se le ve recorriendo las calles de La Habana, conversando con personas mayores y haciéndoles una pregunta tan simple como impactante: si querían sentarse a comer en un restaurante. Para muchos de ellos, la invitación sonó casi irreal, como algo que ya no formaba parte de su mundo.

Uno de los momentos más duros del video ocurre cuando Ydalgo le pregunta a una señora cuándo fue la última vez que comió en un local gastronómico. La respuesta deja sin palabras: “Tengo 70 años… la última vez fue cuando tenía como 16”. Una frase que resume décadas de exclusión y pobreza, y que refleja lo lejos que está ese tipo de experiencias para miles de adultos mayores en Cuba.

El influencer explicó que la idea surgió simplemente de querer “regalar un momento feliz”, provocar sonrisas y ofrecer un respiro en fechas que suelen estar asociadas a la familia, la comida y la celebración, pero que para muchos cubanos se viven con vacío y tristeza.

Para hacer posible el almuerzo, contó con el apoyo del restaurante Castasytal, ubicado en Centro Habana. Se trata de un negocio privado que apuesta por una alimentación saludable y por el respeto a la naturaleza, y que abrió sus puertas para algo más que servir comida: brindar dignidad.

Según explicó Martínez, la intención era compartir una tarde distinta, donde se honrara la vida y se ofreciera a personas humildes un espacio donde sentirse respetadas y valoradas. Una manera simbólica de “abrazar la vida, las Navidades y el fin de año”, como él mismo describió.

Las imágenes hablan por sí solas: conversaciones tranquilas, risas tímidas, agradecimiento sincero y una sensación de paz que contrasta con el caos cotidiano. “Fue una tarde hermosa, real, inolvidable, con gente sencilla, sonrisas sinceras y con la certeza de que cuando compartimos, sanamos el alma”, escribió el influencer tras el encuentro.

Pero más allá de la emoción, el gesto deja al descubierto una verdad incómoda: la pobreza y el abandono que viven muchos ancianos en Cuba. En un país donde la inflación y la escasez han convertido la comida diaria en un reto, estos actos solidarios se han vuelto la única forma de que muchos celebren la Navidad con un mínimo de dignidad.

Lo ocurrido en Castasytal no es un hecho aislado. En Nochebuena, otros restaurantes privados, artistas e influencers salieron a repartir comida en La Habana. Negocios como El Guajirito entregaron decenas de raciones, mientras músicos y creadores se sumaron con donaciones y acompañamiento.

Todos coincidieron en algo: la situación se ha endurecido tanto que, sin estas iniciativas, muchos cubanos no tendrían absolutamente nada que llevarse a la boca en fechas tan significativas.

Estas escenas no solo muestran solidaridad, también funcionan como una denuncia silenciosa. En un país donde envejecer se ha vuelto sinónimo de carencias y soledad, invitar a unos ancianos a almorzar en un restaurante termina siendo un recordatorio doloroso de cuánto ha fallado el sistema en cuidar a los suyos.

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