Aduana de Cuba detecta pasajero con dos kilogramos de cocaína ocultos dentro de una bocina en el Aeropuerto Internacional José Martí

Redacción

La Aduana General de la República volvió a anunciar la detección de drogas en el Aeropuerto Internacional José Martí, esta vez dos kilogramos de cocaína ocultos dentro de una bocina que transportaba un pasajero, según informó en redes sociales Wiliam Pérez González, vicejefe del organismo.

De acuerdo con la versión oficial, el cargamento fue descubierto gracias a un trabajo “coordinado y efectivo” entre la Aduana y el órgano antidrogas, lo que permitió detener a los implicados. Como ya es costumbre, no se ofrecieron detalles sobre la identidad de los detenidos ni el destino final de la droga, información que permanece convenientemente bajo silencio.

El caso, asegura la nota oficial, sigue bajo investigación y forma parte del supuesto reforzamiento de los controles en los puntos de entrada al país. Un discurso repetido que contrasta con la frecuencia cada vez mayor de incautaciones, lo que deja una pregunta flotando en el aire: ¿están funcionando los controles o simplemente están llegando más drogas que nunca?

La cocaína iba camuflada dentro de un equipo de audio, un método que aprovecha objetos cotidianos para pasar desapercibido en vuelos internacionales. Nada nuevo. En los últimos meses, la propia Aduana ha reconocido un incremento en los intentos de introducir drogas —incluidas sintéticas— mediante métodos cada vez más elaborados.

Han salido a la luz ocultamientos en artículos de higiene personal, muñecos religiosos, latas de comida y hasta golosinas. El ingenio del narcotráfico parece ir varios pasos por delante de un sistema que presume control, pero llega siempre tarde al anuncio.

En paralelo, las autoridades también han reportado inspecciones vinculadas al presunto lavado de dinero en aeropuertos, lo que refuerza la sospecha de una conexión directa entre narcotráfico, movimiento ilegal de divisas y redes que operan con demasiada comodidad dentro y fuera del país.

Mientras tanto, incluso faltas menores —como el exceso de tabacos— son investigadas como posibles tapaderas para contrabando. Mucho celo con el viajero común, pero las grandes preguntas siguen sin respuesta.

Otro decomiso más, otro post en redes, otro silencio oficial. Y la sensación de que el problema es bastante más grande de lo que admiten.

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