Donald Trump aseguró que Estados Unidos ejecutó un “ataque a gran escala” en Venezuela y fue más lejos todavía: afirmó que Nicolás Maduro fue capturado y sacado del país, junto a su esposa Cilia Flores. La declaración cayó como una bomba informativa en un país ya sacudido por explosiones reales, apagones y un estado de conmoción exterior decretado por el propio régimen.
Desde entonces, Venezuela vive no solo una escalada militar, sino también una guerra de información. Videos, audios, versiones cruzadas y mensajes sin verificar circulan sin freno en redes sociales, haciendo cada vez más difícil separar los hechos comprobados del ruido interesado.
Lo que sí está confirmado hasta ahora
Medios internacionales han logrado verificar material audiovisual que confirma ataques directos contra la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, conocida como La Carlota, una instalación militar clave en Caracas. Las imágenes nocturnas muestran incendios, explosiones y movimientos posteriores de seguridad, compatibles con un bombardeo real y no con simples ejercicios defensivos.
También existen evidencias verificadas de explosiones en Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar del país y corazón operativo de la Fuerza Armada venezolana. Grabaciones geolocalizadas muestran evacuaciones parciales horas después del ataque, lo que apunta a daños relevantes o al menos a un alto nivel de alerta militar.
Otro elemento que refuerza la magnitud del ataque es el impacto en el sistema eléctrico. Amplias zonas del sur de Caracas quedaron sin corriente, al igual que sectores como Santa Mónica, Los Teques y el 23 de Enero. El patrón coincide con afectaciones a infraestructuras estratégicas o daños colaterales derivados de bombardeos de precisión.
La respuesta del régimen y el control del relato
Tras los ataques, el Gobierno activó el Plan de Defensa desde el Palacio de Miraflores y decretó el estado de conmoción exterior, una figura constitucional que amplía poderes y justifica la militarización total. Esa reacción institucional confirma que el Ejecutivo percibe lo ocurrido como una agresión directa y coordinada, no como simples incidentes aislados.
A partir de ahí, comenzó la otra batalla: la narrativa. En contextos de conflicto, la información se convierte en arma, y cada actor empuja su versión mientras oculta silencios incómodos. El régimen venezolano denuncia una invasión imperial; Trump habla de captura y victoria total. Entre ambos extremos, la realidad sigue fragmentada.
Lo que sigue envuelto en dudas
No existe confirmación independiente de que Nicolás Maduro haya sido detenido ni sacado del país, pese a la afirmación directa de Trump. Tampoco se ha verificado de manera concluyente el paradero actual del mandatario ni de Cilia Flores. El silencio oficial de Miraflores sobre ese punto específico alimenta tanto las sospechas como los rumores.
También circulan versiones sobre ataques a otras instalaciones clave en Caracas y en el interior del país, incluidos aeropuertos, bases aéreas y edificios institucionales. Algunas imágenes parecen coherentes con bombardeos, pero otras aún no han podido ser verificadas de forma independiente.







