Desde bien temprano este sábado, Camagüey amaneció con un ruido poco habitual. Vecinos de distintos puntos de la ciudad reportaron un sobrevuelo constante de helicópteros, una escena que no pasó desapercibida y que encendió las alarmas entre la población. El periodista José Luis Tan Estrada recogió testimonios de residentes que aseguraban escuchar las aeronaves “una y otra vez”, sin explicación oficial alguna.
Casi al mismo tiempo, en La Habana también se movía algo, y no precisamente para resolver apagones o poner comida en la mesa. Cubanet captó una caravana de vehículos militares avanzando armados y a toda velocidad, una imagen que refuerza la sensación de inquietud dentro de la Isla.
Estos movimientos no ocurren en el vacío. Llegan en medio de un clima regional cargado, marcado por declaraciones recientes desde Washington que apuntan directamente al régimen cubano. Tras el ataque de Estados Unidos contra Venezuela, el presidente Donald Trump no se anduvo con rodeos y volvió a poner a Cuba en el centro del debate.
Durante una conferencia de prensa, Trump describió a la Isla como “una nación fallida” y dejó claro que es un asunto del que “se terminará hablando”. Al responder si tenía algún mensaje para Cuba, fue directo: ese sistema, dijo, no le ha servido al pueblo cubano.
El mandatario subrayó que los cubanos llevan muchos años sufriendo, y aseguró que Washington quiere ayudar tanto a quienes siguen dentro de la Isla como a los que fueron obligados a emigrar y hoy viven en Estados Unidos. Un discurso que contrasta brutalmente con la narrativa triunfalista que intenta vender el aparato propagandístico del régimen.
Quien fue todavía más claro fue el secretario de Estado, Marco Rubio. Según afirmó, las palabras de Trump deben tomarse muy en serio, especialmente por quienes hoy mandan en La Habana. Rubio calificó a Cuba sin maquillaje: un desastre económico en colapso total.
Además, puso el dedo en una llaga que el castrismo intenta ocultar: la profunda implicación de Cuba en la protección del régimen de Nicolás Maduro. Rubio aseguró que tanto el anillo de seguridad del dictador venezolano como su aparato de espionaje estaban repletos de cubanos, confirmando hasta qué punto La Habana metió las manos en Venezuela.
Su advertencia final sonó más a realidad que a amenaza. Si alguien estuviera hoy en el poder en La Habana, dijo Rubio, tendría razones de sobra para preocuparse. A juzgar por los helicópteros sobre Camagüey y los convoyes militares en la capital, en el régimen ya lo saben… aunque sigan fingiendo normalidad.










