Durante una entrevista en el programa Meet the Press de la cadena NBC, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, evitó confirmar si Cuba será el próximo objetivo directo de la administración de Donald Trump, pero dejó claro que el tema está sobre la mesa y que nadie en Washington mira hacia La Habana con simpatía.
Rubio fue medido en las formas, pero contundente en el fondo. Aseguró que no hablaría públicamente de próximos pasos ni de políticas específicas, aunque remarcó que no es ningún secreto que Estados Unidos considera al régimen cubano un actor profundamente problemático. Y no se quedó ahí.
El político cubanoamericano calificó al gobierno de La Habana como “un gran problema”, especialmente después de los ataques en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, un hecho que, según Rubio, dejó al descubierto el papel central de Cuba en la protección del dictador chavista.
De acuerdo con el secretario de Estado, la seguridad personal de Maduro estaba en manos cubanas, no venezolanas. Explicó que eran agentes enviados desde La Habana quienes lo custodiaban y controlaban su entorno más cercano, desmontando así el mito de una soberanía chavista independiente.
Rubio fue todavía más explícito al describir el alcance de esa influencia. Señaló que el aparato de seguridad interna y el sistema de inteligencia del chavismo, encargados de vigilar, controlar y neutralizar posibles traiciones, estaban completamente dirigidos por cubanos. A esta situación la definió como una auténtica “colonización interna”, clave para entender la dependencia absoluta entre Caracas y La Habana.
En la misma entrevista, Rubio se refirió a la oposición venezolana y a la complejidad del escenario actual. Reconoció el liderazgo de María Corina Machado, a quien calificó como una figura “fantástica”, pero admitió que la realidad inmediata es dura. Según explicó, la mayor parte de la oposición ya no se encuentra dentro del país, lo que complica cualquier transición política a corto plazo.
Aun así, dejó claro que Washington no se detendrá. Rubio afirmó que Estados Unidos continuará atacando embarcaciones vinculadas al narcotráfico y confiscando barcos sancionados que transporten petróleo, una política que ya ha tenido consecuencias letales en alta mar y que mantiene en tensión a varios gobiernos de la región.
El secretario también rechazó la idea de que exista una guerra contra Venezuela, aunque defendió sin titubeos las operaciones militares ordenadas por Donald Trump. Según Rubio, no se trata de una agresión, sino de hacer cumplir la ley, tanto en la lucha contra el narcotráfico como en la aplicación estricta de las sanciones petroleras.
El mensaje que dejó Rubio es difícil de ignorar. Maduro cayó, Venezuela está en plena sacudida y Cuba quedó expuesta como algo más que un aliado ideológico. Para Washington, La Habana aparece ahora como una pieza clave del engranaje autoritario regional, y el margen para seguir mirando hacia otro lado parece agotarse.







