El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, calificó este domingo a María Corina Machado como “fantástica”, aunque dejó claro que para Washington la oposición venezolana hoy no está en el centro de la jugada. El elogio llegó acompañado de una frase que dice mucho más de lo que aparenta: Machado está fuera del país y la “realidad inmediata” es otra.
En entrevista con Meet the Press, de NBC, Rubio reconoció su cercanía histórica con la líder opositora, pero insistió en que la mayoría de los dirigentes opositores ya no están en Venezuela y que EE.UU. enfrenta asuntos urgentes que deben resolverse de inmediato. Traducción política: la transición ideal no siempre coincide con la transición posible.
Las palabras de Rubio llegaron apenas horas después de que Donald Trump fuera todavía más crudo. Desde Mar-a-Lago, el presidente estadounidense puso en duda la capacidad de Machado para gobernar, asegurando que no cuenta con suficiente apoyo ni respeto dentro del país. Remató revelando que, tras la captura de Nicolás Maduro, Machado ni siquiera ha sido contactada por la Casa Blanca.
Mientras en Washington se enfrían las expectativas opositoras, María Corina Machado intentó marcar el ritmo desde la distancia. En un comunicado dirigido a los venezolanos, aseguró que “llegó la hora de la libertad” y llamó a mantenerse organizados y activos durante el proceso de transición. Afirmó que Maduro enfrenta ahora la justicia internacional por “crímenes atroces” y celebró que Estados Unidos cumpliera su promesa de hacer valer la ley tras el fracaso de una salida negociada.
Machado insistió en que este es el momento de que rijan la soberanía popular y nacional, exigió la liberación de los presos políticos y defendió el restablecimiento del orden democrático. Reconoció a Edmundo González Urrutia como presidente legítimo y reclamó que asuma como Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional.
Pero la realidad, una vez más, va por otro carril. En la misma conferencia en la que Trump desautorizó a la oposición, dejó claro que la estrategia estadounidense pasa por negociar directamente con el chavismo, no por entregar el poder a una oposición fragmentada, debilitada y mayoritariamente en el exilio.
El mensaje es incómodo, pero evidente. Washington puede aplaudir a Machado, reconocer su lucha y su simbolismo, pero a la hora de decidir el futuro inmediato de Venezuela, la Casa Blanca está jugando con los que aún controlan el terreno, no con quienes encarnan la legitimidad moral.
En política internacional, las simpatías pesan poco. Y hoy, aunque duela admitirlo, María Corina Machado parece ser para Estados Unidos una figura respetada… pero prescindible.







