Teniente Coronel del MININT fallece en La Habana en un accidente sobre el cual el régimen mantiene un misterioso silencio

Redacción

Un accidente de tránsito en La Habana terminó con la vida del teniente coronel Randy Callejas Ruiz, un alto oficial del Ministerio del Interior (Minint), según confirmó este viernes el propio organismo a través de sus redes oficiales. La noticia, escueta y cuidadosamente medida, deja más preguntas que respuestas.

Callejas Ruiz, de 48 años, ocupaba el cargo de segundo jefe de la Dirección de Tecnologías y Sistemas, una estructura clave dentro del aparato represivo del régimen. Su muerte ocurrió el 30 de diciembre, pero como ya es costumbre en la Cuba oficial, la información llegó tarde y sin contexto.

Hasta ahora, las autoridades no han explicado absolutamente nada sobre cómo ocurrió el accidente, dónde fue ni quiénes estuvieron involucrados. Silencio total. Ni una línea. Ni una pista. Como si aclarar la muerte de un alto oficial fuera un detalle menor.

El Minint informó que las honras fúnebres se realizarán el lunes 5 de enero, a las tres de la tarde, en el panteón de mármol negro del propio ministerio, dentro de la Necrópolis de Colón. Un espacio reservado para los hombres del poder, lejos del cubano de a pie que muere sin ataúd digno ni explicación alguna.

En su nota institucional, el organismo destacó que Callejas Ruiz acumulaba casi tres décadas de servicio, vinculadas a la modernización tecnológica, la informatización y la seguridad informática. En buen cubano, fue parte del engranaje que sostiene el control, la vigilancia y la censura digital que padecen millones de cubanos.

También recordaron que recibió numerosas condecoraciones, las mismas medallas internas que el régimen reparte entre los suyos mientras el país se cae a pedazos. Mucho reconocimiento puertas adentro, pero cero transparencia hacia afuera.

La noticia provocó reacciones en redes sociales, donde no faltaron mensajes de condolencias dirigidos a familiares y compañeros. Sin embargo, el dato más llamativo sigue siendo el mismo: el Estado que todo lo controla, todo lo vigila y todo lo registra, no ha sido capaz —o no ha querido— explicar cómo murió uno de los suyos.

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