Delcy Rodríguez baja el tono chavista tras asumir como presidenta de Venezuela y pide a Trump iniciar un «dialogo»

Redacción

Delcy Rodríguez pasó en cuestión de horas del grito épico al susurro diplomático. La misma dirigente que calificó como “secuestro ilegal” la captura de Nicolás Maduro apareció la noche del domingo con un mensaje sorprendentemente conciliador hacia Estados Unidos y Donald Trump, justo antes de asumir la presidencia interina de Venezuela.

Desde Instagram, Rodríguez desempolvó el lenguaje clásico de manual diplomático. Habló de paz, convivencia pacífica, respeto, cooperación internacional y soberanía. Un texto cuidadosamente redactado para enviar una señal clara a Washington: estamos dispuestos a hablar. El tono fue tan suave que parecía escrito con guantes de seda, no con la retórica incendiaria que ha caracterizado al chavismo durante años.

La ahora presidenta encargada pidió avanzar hacia un “relacionamiento equilibrado” con Estados Unidos y la región, invocando la igualdad soberana y la no injerencia. También extendió una invitación directa a trabajar en una agenda de cooperación y cerró con un llamado casi emotivo a Trump, asegurando que los pueblos merecen diálogo y no guerra. Todo muy correcto. Todo muy distinto a lo que dijo horas antes frente a las cámaras del Estado.

De la amenaza al apretón de manos

El giro no ocurre en el vacío. Llega después de que Trump le lanzara una advertencia sin rodeos en una entrevista con The Atlantic, donde dejó claro que si Rodríguez “no hace lo correcto”, pagará un precio incluso mayor que el de Maduro. Un mensaje que, evidentemente, fue recibido alto y claro en Miraflores.

No es casual que el cambio de tono se produzca justo después de esa amenaza y a horas de su juramentación. Tampoco es casual que Trump ya la hubiera mencionado como la posible figura al frente del gobierno tras la salida de Maduro, insinuando incluso que había contactos con Marco Rubio y que Delcy estaría dispuesta a alinearse con las exigencias de Washington. “No tiene alternativa”, dijo Trump. Y el comunicado del domingo parece confirmarlo.

La contradicción como política de Estado

Lo llamativo no es solo el mensaje conciliador, sino la contradicción brutal con su discurso previo. Horas antes, Rodríguez hablaba de barbarie, de crímenes de lesa humanidad, de bloqueo criminal y de resistencia absoluta. Aseguraba que en Venezuela solo había un presidente y que el país no se rendía ni se entregaba. Ese discurso duró exactamente lo que tardó Trump en subir la presión.

Ahora, en su versión nocturna, Rodríguez dice creer en una Venezuela de paz, desarrollo y futuro compartido. La pregunta es inevitable: ¿en cuál Delcy hay que creer? ¿En la que llama a la confrontación o en la que extiende la mano cuando ve el abismo de cerca?

Maduro ausente, el chavismo en modo supervivencia

La captura de Maduro no solo dejó un vacío de poder. Dejó al chavismo sin guion claro. Delcy Rodríguez asume como presidenta interina por orden del Tribunal Supremo, mientras el líder del régimen enfrenta cargos de narcoterrorismo en Nueva York. En ese escenario, la prioridad ya no es la retórica revolucionaria, sino la supervivencia política.

El mensaje conciliador no es un gesto de convicción democrática. Es un movimiento defensivo. Un intento de ganar tiempo, reducir daños y presentarse como una figura “razonable” ante Washington. La revolución, cuando siente el frío del poder real, siempre descubre su vocación de paz.

La historia reciente lo demuestra una vez más: cuando se acaba la impunidad, aparece el diálogo. Y cuando el uniforme imperial deja de ser consigna y se vuelve amenaza concreta, el discurso cambia. Rápido. Muy rápido.

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