Eduardo Antonio, más conocido como El Divo de Placetas, no se quedó callado. Este fin de semana denunció públicamente un momento incómodo vivido durante la inauguración del reality show El Rancho de Destino, donde —según contó— el trato que recibió estuvo muy lejos de ser el que se le da a un artista invitado.
La queja la soltó en caliente, durante una transmisión en vivo por sus redes sociales. Ahí explicó que todo ocurrió mientras caminaba por la alfombra roja y ofrecía una entrevista. En ese instante, su esposo Roy intentaba grabarlo, como hace habitualmente en eventos públicos, cuando una persona de la producción le exigió que dejara de filmar. Error grave.
Eduardo Antonio dejó claro que fue al evento con la mejor intención. Quería apoyar a Destino, creador del reality, y celebrar que el proyecto por fin viera la luz. Nada de divismo previo. “Fui como todo el mundo, a compartir y a aplaudir que está logrando lo que quería”, dijo, aunque la paciencia le duró lo que un merengue en la puerta de una escuela.
Según relató, estaba respondiendo preguntas cuando notó el altercado. “Veo que alguien está molestando a Roy, diciéndole que no puede grabarme”, explicó, visiblemente molesto. Para el cantante, la situación no tenía justificación alguna, sobre todo porque su esposo no estaba interfiriendo con la producción ni captando a terceros.
El Divo fue directo al grano y defendió su imagen con uñas y brillo. Aseguró que nadie puede decirle quién lo graba y quién no. “Yo soy dueño de mi imagen”, sentenció, dejando claro que no acepta imposiciones de ese tipo, y menos en un evento al que asistió por apoyo y no por contrato.
El episodio lo calificó como una falta de respeto y apuntó a la falta de preparación de algunas personas del equipo organizador. Según él, trabajar con figuras públicas implica saber tratar tanto al artista como a quienes lo acompañan, sin aires de grandeza ni órdenes fuera de lugar.
Con su estilo inconfundible, Eduardo Antonio también dejó caer una frase que no pasó desapercibida. “Había no tantas celebridades, pero llegué yo”, soltó, dejando claro que su presencia no era precisamente invisible y que su esposo solo estaba grabando para darle más visibilidad al reality.
La tensión fue tal que decidió irse del lugar. Antes, eso sí, dejó su postura bien clara. “Destino, te quiero mucho, pero me conoces y sabes que dije lo que tenía que decir y me fui”, afirmó, marcando distancia sin romper del todo.
A pesar del mal rato, el cantante cerró su mensaje con elegancia. Deseó éxito a El Rancho de Destino y a todo su equipo, demostrando que una cosa es poner límites y otra muy distinta desearle el mal a un proyecto ajeno.
Para rematar, también tomó partido dentro del reality y dejó claro por quién va su apoyo: Oyacito y Kenny. Porque si algo tiene El Divo, además de voz y carácter, es que no se queda tibio ni para opinar… ni para irse cuando no le respetan.







