Durante años, el régimen cubano repitió la misma consigna como un disco rayado, siempre con cara de indignación fingida: Cuba no tiene tropas en Venezuela. Lo dijeron Díaz-Canel, Bruno Rodríguez Parrilla, el diario Granma y toda la comparsa propagandística del Partido Comunista. Según ellos, todo era un invento del “imperio”.
Pues bien, la mentira se vino abajo de un solo golpe este 4 de enero de 2026. Y lo más irónico es que no fue Washington quien la desnudó, sino el propio Granma, órgano oficial del régimen, al publicar un comunicado que confirma —negro sobre blanco— lo que durante más de una década negaron sin pudor.
El texto reconoce que 32 cubanos murieron en “acciones combativas” en Venezuela, cumpliendo misiones en nombre de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. No eran médicos, no eran entrenadores deportivos, no eran cooperantes culturales. Eran combatientes armados.
Con esa sola frase, el régimen enterró su narrativa histórica. Todas aquellas acusaciones de “mentiras imperialistas”, todos los desmentidos airados desde 2019, quedaron reducidos a polvo. La confesión vino desde dentro, sin posibilidad de matices ni escapatorias.
Como era de esperar, la nota oficial evita cuidadosamente mencionar el contexto real. No dice Caracas. No menciona la captura de Nicolás Maduro. No reconoce la operación militar estadounidense. Todo se envuelve en un lenguaje vago, diseñado para anestesiar conciencias y proteger culpas.
Ni una palabra sobre el hecho clave: los cubanos muertos formaban parte del dispositivo de seguridad personal de Maduro, algo confirmado por fuentes internacionales y por el propio Donald Trump. El silencio no es casual; es miedo a la verdad completa.
En lugar de informar, la prensa del régimen optó por el viejo libreto: hablar de “ataque criminal”, “terrorismo de Estado” y “heroísmo internacionalista”. Una pirueta propagandística patética, destinada a maquillar una derrota militar como sacrificio épico y a ocultar la naturaleza real de la intervención cubana en Venezuela.
Durante años, la negación fue casi obsesiva. En mayo de 2019, Díaz-Canel gritaba en redes sociales: “¡Basta de mentiras! No hay tropas cubanas en Venezuela”. Bruno Rodríguez llamaba “infames” a las denuncias de Estados Unidos. Granma se burlaba diciendo que los únicos soldados cubanos eran médicos con batas blancas.
Incluso en diciembre de 2025, Johana Tablada se permitió insultar a Marco Rubio, tildándolo de ignorante por afirmar que el aparato de seguridad de Maduro estaba controlado por cubanos. Hoy, esas palabras envejecieron peor que un discurso del Primero de Mayo.
El comunicado de Granma confirma punto por punto lo que se negó durante años. Los 32 fallecidos murieron en combate directo o bajo bombardeos, durante la operación que terminó con la captura del dictador venezolano. No eran observadores. No eran asesores pasivos. Estaban armados y en funciones de seguridad.
La narrativa del “heroísmo” intenta tapar lo evidente: Cuba sí intervino militarmente en Venezuela, y lo hizo para proteger a un régimen aliado del que dependía económicamente. La solidaridad no era ideológica; era petrolera.
Mientras La Habana decreta duelo nacional y baja banderas, el mundo observa cómo el régimen que juraba no mentirle jamás al pueblo acaba de firmar su contradicción más grave. No fue un error. Fue una política sostenida de engaño.
La verdad, enterrada durante años bajo consignas revolucionarias y titulares manipulados, salió a la luz de la forma más brutal posible: 32 cubanos muertos en tierra extranjera, cumpliendo órdenes que el régimen aseguró durante más de una década que no existían.
Y esta vez, no hay consigna que la tape.







