Fuertes rumores indican que la traición a Maduro vino de dentro y Delcy Rodríguez parece ser una pieza clave en la negociación con EEUU

Redacción

La captura de Nicolás Maduro no fue un golpe improvisado ni una operación a ciegas. Fue, según el especialista en inteligencia y narcotráfico Martín Rodil, el resultado de una traición cuidadosamente negociada desde el corazón mismo del chavismo, con Delcy Rodríguez como pieza clave.

En una entrevista con la periodista venezolana Nitu Pérez Osuna, Rodil afirmó sin rodeos que la operación solo fue posible porque Delcy Rodríguez habría negociado directamente con la CIA, entregando la ubicación exacta del dictador a cambio de tiempo, poder provisional y la ilusión de una salida negociada.

Maduro, explicó Rodil, fue capturado en una residencia presidencial dentro de Fuerte Tiuna, la principal base militar de Caracas. No era una casa cualquiera. Por fuera parecía una vivienda común, pero por dentro era un búnker militar de alta tecnología, construido durante la era de Hugo Chávez. Contaba incluso con una habitación del pánico diseñada para resistir ataques extremos. Nada de eso sirvió.

El dictador fue extraído en helicóptero. Sin resistencia real. Sin épica. Sin gloria.

Delcy Rodríguez: la traición que sostuvo el poder

Para Rodil, no hay dudas. Delcy Rodríguez entregó a Maduro. Lo hizo para mantenerse temporalmente al frente del poder mientras Washington organiza una transición controlada y evita el colapso total del Estado venezolano.

Estados Unidos, subrayó el analista, no reconoce a Rodríguez como presidenta, del mismo modo que nunca reconoció a Maduro. Está bajo vigilancia directa. Y no por casualidad. Delcy enfrenta investigaciones criminales en EE.UU. que, según Rodil, son incluso más graves que las del propio Maduro.

Los llamados a la calle, los discursos altisonantes y la pose de “normalidad institucional” no serían más que una puesta en escena. Una cortina de humo para que nadie sospeche mientras se negocia por debajo de la mesa.

Rodil sostiene que Delcy y su hermano Jorge Rodríguez habrían buscado un acuerdo que les garantizara un exilio cómodo, lejos de tribunales y sanciones. El problema es que Washington no regala absoluciones.

Delta Force y una operación quirúrgica

La captura fue ejecutada por Delta Force, la élite de las fuerzas especiales estadounidenses. Rodil la calificó como una auténtica proeza militar. Entraron quince helicópteros. Menos de cincuenta efectivos. Neutralizaron todo en minutos. El objetivo era claro: capturarlo vivo.

Si había resistencia, Maduro moría allí mismo. No la hubo.

Eso abrió una pregunta incómoda: ¿cómo fue posible una operación de esa magnitud sin complicidad interna?

El círculo íntimo de Maduro —Diosdado Cabello y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López— reaccionó con discursos inflamados y denuncias de “agresión imperial”. Pero, en la práctica, las Fuerzas Armadas no movieron un dedo.

Mucho ruido. Cero balas.

El chavismo sin Maduro: un problema mayor

Con una recompensa de 50 millones de dólares sobre su cabeza, elecciones fraudulentas en 2024 y un rechazo popular profundo, el destino de Maduro estaba sellado desde hacía tiempo. Ahora enfrenta cargos por narcotráfico y tráfico de armas en Nueva York, junto a Cilia Flores, rumbo a lo que muchos ya llaman el juicio de la década.

Pero derrocar a Maduro sin desmontar el resto del aparato chavista es una bomba de tiempo. Cabello y Padrino López no parecen dispuestos a encabezar elecciones libres que perderían sin remedio. Su supervivencia política depende del caos controlado.

Analistas coinciden en algo esencial: Estados Unidos tenía inteligencia de primer nivel sobre el terreno, y esa inteligencia solo pudo venir de adentro. Alguien habló. Alguien entregó coordenadas. Alguien decidió que Maduro ya no servía.

Y ese alguien tiene nombre y apellido.

Mientras tanto, el chavismo se devora a sí mismo. Sin épica. Sin pueblo. Sin dictador.

La revolución terminó traicionándose en silencio. Y esta vez, no hubo cadena nacional que lo tapara.

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