Fuerzas Armadas en Cuba intensifican sus amenazas épicas tras captura de Maduro: “Victoria o muerte”

Redacción

El Ministerio de las Fuerzas Armadas del régimen cubano respondió a la captura de Nicolás Maduro como sabe hacerlo desde hace más de seis décadas: con frases grandilocuentes, amenazas épicas y una foto de Fidel Castro empuñando un fusil, como si el calendario se hubiera quedado congelado en 1961.

En un tuit cargado de dramatismo, el ejército aseguró que “la orden de alto el fuego no será dada jamás” si eso implica ceder ante el enemigo. Nada de concesiones, nada de soluciones políticas. Según el guion oficial, todo se reduce a resistir hasta una supuesta “victoria definitiva”, aunque el país esté en ruinas y la gente sobreviva a base de apagones y colas.

En otro mensaje, el tono subió aún más. El régimen dejó claro que la guerra “no se debe provocar”, pero que la harán si alguien la impone. Y remató con la consigna favorita del castrismo: “victoria o muerte”, rechazando incluso las palabras “rendición” y “derrota”, como si borrarlas del vocabulario resolviera la crisis real del país.

Mientras La Habana revive fantasmas revolucionarios, desde Washington el mensaje es mucho más frío… y mucho más peligroso para el régimen. Este domingo, el secretario de Estado Marco Rubio dejó caer una advertencia nada sutil. Evitó confirmar si Cuba será el próximo blanco directo de la administración Trump, pero dejó claro que el régimen cubano es “un gran problema” y que nadie en la Casa Blanca siente simpatía alguna por La Habana.

Rubio fue más allá. Aseguró que el aparato de seguridad de Maduro no estaba en manos venezolanas, sino controlado directamente por agentes cubanos. Según explicó, eran los cubanos —y no los militares locales— quienes custodiaban al dictador y manejaban la inteligencia interna encargada de evitar traiciones. Una “colonización interna”, en palabras del propio Rubio, que explica por qué Caracas terminó dependiendo completamente de La Habana.

El contraste no puede ser más claro. Mientras el régimen cubano se refugia en consignas de guerra y fotos en sepia, Estados Unidos habla de responsabilidades, control y consecuencias. Un discurso vive del pasado; el otro decide el presente.

Y en medio de ese choque, Cuba vuelve a quedar expuesta. Sin petróleo venezolano, con escoltas muertos en Caracas y con Washington señalando directamente su papel en la protección de Maduro, la retórica belicista parece menos una muestra de fuerza y más un reflejo de nerviosismo.

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