Nicolás Maduro apareció este lunes ante un tribunal federal en Nueva York en una escena que durante años pareció imposible, mientras desde Caracas despotricaba contra Estados Unidos y se presentaba como intocable. Esta vez no hubo tarima ni cadena nacional: esposado, bajo custodia federal y con audífonos para traducción simultánea, el líder chavista escuchó los cargos que lo persiguen.
Ante el juez Alvin Hellerstein, del Distrito Sur de Nueva York, Maduro se declaró inocente de todas las acusaciones y, en un acto de negación que rozó el delirio, insistió: “Soy un hombre decente, sigo siendo el presidente de mi país”, según reportó la agencia EFE. La frase, dicha desde un tribunal estadounidense, resumió la caída estrepitosa de una narrativa construida durante más de una década.
Maduro compareció junto a su esposa, Cilia Flores, también imputada. Ambos enfrentan acusaciones por conspiración para el narcoterrorismo, tráfico de cocaína y posesión de armas de guerra. La fiscalía sostiene que utilizaron durante años estructuras del Estado venezolano, pasaportes diplomáticos y cobertura oficial para facilitar el envío de drogas y dinero hacia Estados Unidos.
“Fui capturado”, admitió el propio Maduro ante el magistrado, confirmando que fue detenido en su residencia de Caracas durante una operación relámpago ejecutada el sábado por la noche. El posterior traslado en helicóptero hasta Manhattan completó una secuencia más propia de un thriller político que de la retórica revolucionaria que solía repetir desde Miraflores.
El exmandatario respondió en español, con tono desafiante, aferrándose a una legitimidad que ya no controla ni siquiera el territorio que decía gobernar. Flores, por su parte, se presentó como “la primera dama de Venezuela” y negó igualmente los cargos, en un gesto que contrastó con la realidad de ambos bajo custodia judicial.
Maduro estará representado por Barry Pollack, abogado conocido por su participación en el caso Julian Assange, mientras que la defensa de Flores recaerá en un exfiscal federal especializado en delitos financieros. Fuentes judiciales señalan que el proceso podría extenderse durante meses, e incluso más de un año, y no se descarta que la fiscalía explore un acuerdo para evitar un juicio prolongado.
La próxima audiencia fue fijada para el 17 de marzo. Hasta entonces, Maduro permanecerá detenido, enfrentando no solo a la justicia estadounidense, sino al peso simbólico de una imagen que millones de venezolanos jamás pensaron ver: el hombre que se creyó eterno, sentado ante un juez extranjero, respondiendo por los crímenes que durante años negó entre aplausos forzados y consignas vacías.







