El Gobierno cubano confirmó la muerte de 32 ciudadanos cubanos durante acciones armadas ocurridas en Venezuela y decretó dos días de duelo nacional. La decisión fue tomada por Miguel Díaz-Canel tras conocerse los detalles oficiales de un episodio que vuelve a poner en evidencia el papel oculto —y costoso— de La Habana en los conflictos regionales.
Mediante un decreto presidencial, el mandatario ordenó duelo nacional desde las seis de la mañana del 5 de enero hasta la medianoche del día 6. Durante ese período, la bandera cubana ondeará a media asta en edificios públicos e instalaciones militares, y quedarán suspendidas todas las actividades festivas. El país entero, una vez más, es llamado a guardar luto sin hacer preguntas incómodas.
Según la versión oficial, los 32 fallecidos se encontraban en territorio venezolano cumpliendo “misiones” solicitadas por autoridades de ese país. El comunicado asegura que murieron durante un ataque atribuido al gobierno de Estados Unidos, ya sea en combates directos o como consecuencia de bombardeos a instalaciones. No hay nombres, no hay rangos, no hay detalles operativos. Solo consignas.
El régimen confirmó que los muertos pertenecían a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior. Es decir, no se trataba de civiles, médicos ni cooperantes humanitarios, sino de personal militar y de seguridad desplegado fuera del país mientras Cuba atraviesa su peor crisis económica en décadas.
Héroes sin rostro, decisiones sin explicación
El decreto, identificado como el número 1147 y firmado el 4 de enero de 2026 en el Palacio de la Revolución, ordena su publicación en la Gaceta Oficial. Todo dentro del marco legal, todo muy ordenado. Lo que no aparece en ninguna parte es la explicación política y moral de por qué cubanos siguen muriendo en guerras ajenas, defendiendo regímenes aliados mientras en la Isla faltan medicinas, alimentos y electricidad.
El discurso oficial habla de sacrificio, deber y heroísmo. Pero evita cuidadosamente el debate de fondo. ¿Quién decidió enviar a esos hombres a Venezuela? ¿Bajo qué mandato popular? ¿Con qué derecho se expone a ciudadanos cubanos a operaciones militares en otro país sin transparencia ni rendición de cuentas?
El duelo nacional intenta cerrar el capítulo con solemnidad y silencio. Pero la realidad es más incómoda. No es solo un luto por 32 muertos; es la confirmación de una política exterior que sigue cobrando vidas cubanas en nombre de alianzas ideológicas agotadas.







