El robo ocurrido en una vivienda de Holguín no es solo un hecho policial más: es otra señal clara de que la inseguridad en Cuba va en aumento y de que la criminalidad ya dejó de ser algo “excepcional”. Esta vez, el escenario fue la localidad de Santa Inés, en el municipio Calixto García, donde una familia fue víctima de un asalto que ha dejado a muchos cubanos con la boca abierta.
Según los reportes iniciales, el robo fue de gran magnitud. No se trata de una bicicleta, un celular o un televisor, sino de una suma que para la mayoría resulta impensable: más de 30 mil dólares estadounidenses y alrededor de 700 mil pesos cubanos. Una cifra que, en medio de la crisis económica que vive el país, genera tantas preguntas como indignación.
La información fue divulgada por el perfil oficialista Cazador Cazado, que identificó a los presuntos autores del hecho como Adriel Caballero y Daniel García. Ambos habrían aprovechado la ausencia de los moradores para entrar a la vivienda y llevarse el dinero, confiados en que nadie los descubriría.
De acuerdo con la publicación, los implicados actuaron con total tranquilidad, como si el riesgo fuera mínimo. Sin embargo, no contaban con la atención de un vecino, que notó movimientos sospechosos y dio aviso inmediato a la Policía. Gracias a esa llamada, los sospechosos fueron detenidos rápidamente, antes de que pudieran desaparecer con el botín.
Desde el punto de vista oficial, el caso fue presentado como un éxito policial. Pero en las redes sociales, la historia tomó otro rumbo. Muchos cubanos no se quedaron en la detención, sino que pusieron el foco en un detalle inquietante: ¿cómo es posible que una familia tenga guardada en su casa una suma tan alta de dinero?
Para muchos, la respuesta está en la realidad económica del país. La dolarización de facto, la falta de confianza en los bancos estatales y el miedo a perder los ahorros hacen que numerosas familias prefieran guardar el dinero en efectivo dentro de sus casas, aun sabiendo el riesgo que eso implica.
El tono triunfalista del perfil Cazador Cazado contrasta con lo que vive la población en las calles. Los robos a viviendas, los asaltos y otros hechos violentos se han vuelto cada vez más frecuentes, tanto en zonas urbanas como rurales. En provincias del oriente cubano como Holguín, Santiago de Cuba o Granma, los reportes de delitos aparecen casi a diario.
La crisis económica ha creado el escenario perfecto para este aumento delictivo. Salarios que no alcanzan, precios disparados, apagones constantes y una escasez brutal han empujado a muchos a situaciones límite. En ese contexto, el delito se convierte en una salida para algunos y en una amenaza constante para otros.
Aunque desde los medios oficialistas se insiste en presentar estos hechos como casos aislados, la realidad es otra. La criminalidad en Cuba ya no puede ocultarse ni minimizarse. La sensación de inseguridad crece y el miedo a dejar la casa sola, aunque sea por unas horas, se ha vuelto parte de la rutina diaria.
En un país que durante años presumió de ser seguro, robos como este confirman que Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos en materia de seguridad ciudadana, con un impacto directo en la tranquilidad y la vida cotidiana de millones de personas.







