Sin piernas, sin un brazo y el otro con apenas dos dedos, este cubano termina provocando un accidente de tránsito bajo los efectos del alcohol

Redacción

Un grave accidente de tránsito ocurrido en la noche del 31 de diciembre en el municipio habanero de Regla estuvo a punto de convertirse en una tragedia mayor. Un hombre con discapacidad física, visiblemente bajo los efectos del alcohol, perdió el control del vehículo que conducía y terminó impactando contra la cerca de una vivienda en la calle Rotaría, muy cerca del policlínico Lidia y Clodomira.

Por puro milagro no hubo personas lesionadas. El choque dejó daños materiales tanto en la reja de la casa afectada como en el automóvil, pero lo verdaderamente alarmante es lo que no ocurrió. A menos de 30 metros del lugar del impacto, vecinos celebraban el fin de año en la acera. Había adultos, personas mayores y niños. Treinta metros más y hoy estaríamos hablando de muertos.

Testigos relataron que todo sucedió en cuestión de segundos. El conductor, en condiciones físicas muy deterioradas y con evidentes limitaciones de movilidad, se encontraba además en un estado avanzado de embriaguez. La combinación resultó tan peligrosa como irresponsable.

Este hecho vuelve a poner sobre la mesa una realidad que en Cuba se repite con demasiada frecuencia: la impunidad al volante y el desprecio por la vida ajena. Conducir bajo los efectos del alcohol no es un “error”, es una decisión consciente que puede acabar con familias enteras en un instante.

Los vecinos, aún conmocionados, coinciden en algo esencial: es preferible que actúe la ley a tiempo antes de lamentar una desgracia irreparable. Nadie desea el mal para nadie, pero la compasión no puede convertirse en permisividad cuando hay vidas en juego.

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