Donald Trump habría retirado su respaldo político a María Corina Machado después de que la dirigente opositora aceptara el Premio Nobel de la Paz, una decisión que en los pasillos de la Casa Blanca cayó como una herejía imperdonable. Así lo revelaron dos fuentes cercanas al entorno presidencial al The Washington Post, que describen el gesto como el detonante de su salida del centro del tablero en una eventual transición venezolana diseñada desde Washington.
Según una de esas fuentes, el mensaje fue claro y brutal: si Machado hubiera rechazado el galardón y lo hubiera atribuido públicamente a Trump, hoy sería la figura llamada a encabezar el nuevo poder en Caracas. No lo hizo. Y en el universo político del magnate, eso se paga caro.
La revelación explica el giro abrupto en el discurso del presidente estadounidense, quien en los últimos días ha cuestionado abiertamente la capacidad de Machado para gobernar Venezuela. Declaraciones que, de acuerdo con el Post, tomaron completamente por sorpresa al equipo de la líder opositora, que hasta hace poco contaba con el respaldo tácito de sectores clave en Washington.
El domingo, el secretario de Estado Marco Rubio intentó matizar el golpe, calificando a Machado como “fantástica”, pero dejando claro que está fuera del país y, por tanto, fuera del juego inmediato. En entrevista con NBC, Rubio habló sin rodeos de una “realidad inmediata” en la que la mayor parte de la oposición no se encuentra en Venezuela y donde las decisiones urgentes no esperan símbolos ni trayectorias.
Un día antes, Trump había sido aún más explícito. Desde Mar-a-Lago, afirmó que Machado no tiene suficiente apoyo ni respeto dentro del país y aseguró que ni siquiera ha sido contactado por ella tras la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro. El mensaje fue demoledor: Washington no la considera una pieza central del nuevo escenario.
Mientras tanto, Machado respondió con un comunicado dirigido a los venezolanos, proclamando que “llegó la hora de la libertad” y llamando a la organización ciudadana en medio del proceso de transición. En el texto, fechado el 3 de enero de 2026, celebró que Maduro enfrente a la justicia internacional por crímenes atroces y subrayó que Estados Unidos cumplió su promesa tras el fracaso de cualquier salida negociada.
Pero el contraste es evidente. Mientras Machado habla de principios, Trump habla de control. Mientras ella apela a la épica democrática, la Casa Blanca mueve fichas con lógica de poder duro. Y en ese choque, aceptar un Nobel —por simbólico que sea— terminó siendo, para Trump, un pecado capital. En la nueva Venezuela que se cocina desde afuera, los premios pesan menos que la obediencia.







