Sistema eléctrico cubano vuelve a hundirse: casi 2.000 MW de déficit y ningún plan real a la vista ante la falta de petróleo que enviaba Venezuela

Redacción

El colapso eléctrico en Cuba no da tregua. Este martes 6 de enero, el déficit de generación vuelve a rozar los 2.000 megawatts, confirmando que la crisis energética no solo persiste, sino que empeora en medio de un contexto cada vez más frágil para el régimen, marcado por el derrumbe de su alianza con Venezuela y la escasez total de combustible.

Según el propio pronóstico de la Unión Eléctrica, para el horario pico nocturno se espera una disponibilidad de apenas 1.533 MW frente a una demanda estimada de 3.300 MW. El resultado es brutal: un déficit de 1.767 MW y una afectación real que podría alcanzar los 1.797 MW, cifras que se traducen en apagones largos, rotativos y sin horario confiable para millones de cubanos.

Las autoridades anuncian, como de costumbre, “posibles incorporaciones” de unidades termoeléctricas y motores flotantes. Hablan de arranques parciales en Santa Cruz, Nuevitas, Felton y la Patana de Regla. Pero incluso sumando todo eso, no alcanza ni de lejos para cubrir la demanda nacional. Es el mismo cuento de todos los días, con números distintos y el mismo final a oscuras.

La situación del lunes ya había dejado claro el deterioro del sistema. El servicio eléctrico estuvo afectado desde la madrugada y nunca se logró restablecer completamente. El peor momento llegó al caer la tarde, cuando la afectación superó los 1.860 MW, por encima de lo planificado, tras la salida imprevista de otra unidad en Nuevitas y una demanda mayor a la prevista. En lenguaje llano: el sistema no aguanta ni el cálculo optimista del propio Estado.

Al amanecer de este martes, la disponibilidad real del Sistema Eléctrico Nacional apenas superaba los 1.200 MW, mientras la demanda ya rondaba los 2.200 MW, provocando apagones desde temprano y anticipando un mediodía igualmente crítico. En otras palabras, el día empieza mal y termina peor.

Las causas se repiten como un disco rayado: termoeléctricas rotas, mantenimientos eternos y una falta de combustible que ya no es coyuntural, sino estructural. Varias unidades clave siguen fuera de servicio por averías graves, otras permanecen en mantenimiento sin fecha clara de retorno, y más de mil megawatts están indisponibles simplemente porque no hay con qué generar.

El gobierno intenta maquillar el desastre destacando la producción de los parques solares fotovoltaicos, que aportaron algo más de 2.800 MWh, con un pico cercano a los 560 MW. Pero esa cifra, aunque útil, no compensa ni remotamente el colapso del sistema térmico ni la desaparición del petróleo subsidiado que llegaba desde Venezuela.

Con apagones cada vez más largos, un déficit crónico y sin respaldo energético externo, Cuba entra en 2026 con un panorama eléctrico más oscuro que nunca. No hay soluciones estructurales, no hay inversión real y no hay credibilidad. Solo partes diarios que confirman lo que la gente ya sabe sin necesidad de comunicados: el sistema está roto y el país paga el precio, a oscuras.

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