En el mundo militar, hablar de fuerzas especiales es sinónimo de elite, precisión, sigilo y entrenamiento extremo. Pero cuando se trata de enfrentar en un mismo ring a las Avispas Negras cubanas y a la Delta Force estadounidense, la comparación no solo se vuelve difícil, sino que desnuda de manera brutal las diferencias entre un aparato militar de propaganda y una maquinaria real de combate sofisticada.
Las Avispas Negras son conocidas en Cuba como la unidad élite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Nacieron oficialmente en 1986, aunque su historia arranca décadas antes, cuando surgieron unidades especiales en misiones internacionalistas como Angola; desde entonces han sido la élite del ejército cubano, entrenadas para infiltración, sabotaje y combate especial, con técnicas heredadas de modelos como los Spetsnaz rusos y otras fuerzas de países aliados del castrismo.
El régimen siempre ha envuelto a estas tropas en un halo de misterio y mística revolucionaria, repitiendo que son capaces de camuflarse en selvas, poner trampas letales o aguantar condiciones extremas. Pero esa reputación ha chocado con la realidad en los últimos días, cuando 32 de estos efectivos, desplegados como parte de la seguridad personal de Nicolás Maduro en Venezuela, fueron aniquilados en cuestión de minutos por fuerzas estadounidenses especializadas durante la operación que condujo a la captura del dictador.
Ese episodio deja claro un punto: la preparación cubana, aunque estricta y ciertamente exigente en el contexto de la Isla, no está a la altura de las unidades más avanzadas del planeta. Las Avispas Negras se entrenan duro en supervivencia en pantanos, técnicas de infiltración y combate cuerpo a cuerpo, pero su enfoque también ha sido influenciado por doctrinas de guerra asimétrica y tácticas diseñadas más para defensa territorial que para operaciones complejas de alto riesgo a nivel global.
En cambio, la Delta Force de Estados Unidos —oficialmente 1st Special Forces Operational Detachment-Delta— es considerada una de las fuerzas más secretas, selectivas y eficientes del mundo. Desde su creación en 1977, ha sido entrenada especialmente para misiones de contraterrorismo, rescate de rehenes, incursiones encubiertas y captura de objetivos de alto valor, operando bajo el mando del Joint Special Operations Command, el organismo encargado de las operaciones más sensibles ordenadas por el presidente o el secretario de defensa de Estados Unidos.
La selección y entrenamiento de Delta Force es una prueba de fuego: apenas un pequeño porcentaje de aspirantes —procedentes de otras fuerzas como los Rangers o las Fuerzas Especiales del Ejército— supera las durísimas pruebas de resistencia física y mental necesarias para entrar. Ese entrenamiento viene acompañado de instrucción en tácticas avanzadas de combate urbano, acción directa y trabajos encubiertos donde cualquier error puede ser fatal.
El resultado es una unidad capaz de ejecutar operaciones quirúrgicas completas en territorio hostil con rapidez y precisión, minimizando bajas propias y daños colaterales, como quedó demostrado recientemente en Caracas, donde la acción no registró bajas estadounidenses oficialmente reportadas.
Comparar a ambos grupos es como poner a pelear a un grupo entrenado para defensa interna y sabotaje contra un escuadrón diseñado para incursiones estratégicas a gran escala. Las Avispas Negras pueden ser competentes dentro del limitado contexto militar que le impone el régimen cubano —donde predominan las tácticas ideológicas y la preparación para supuestas invasiones que nunca llegan—, pero no tienen la sofisticación, el equipo ni la experiencia operativa que caracterizan a las unidades de tier one como Delta Force.
Por más que el discurso oficial cubano intente glorificar a sus fuerzas élite, la realidad reciente expuesta en Venezuela es un testimonio contundente de que el aparato castrista, entrenado para defender un sistema político represivo, no puede competir con fuerzas verdaderamente globales y profesionalizadas. La diferencia no es solo de entrenamiento, también es de misión, de recursos y de enfoque estratégico.
Mientras las Avispas Negras sigan atadas al dispositivo de defensa de una dictadura fracasada, las fuerzas como Delta Force seguirán siendo la punta de lanza real en operaciones de alta complejidad. Esa comparación no es una cuestión de orgullo nacional, sino un reflejo claro de dónde están las capacidades de combate reales y dónde solo hay propaganda revestida de mito.







