Cuba entra en su mayor crisis energética desde la caída soviética tras perder el petróleo subsidiado de Venezuela

Redacción

El derrumbe del respaldo venezolano ha puesto a Cuba frente a una crisis energética de proporciones históricas. Durante más de veinte años, el petróleo subsidiado que llegaba desde Caracas funcionó como un salvavidas discreto pero vital. Gracias a ese flujo, el régimen logró mantener encendido el sistema eléctrico, mover el transporte y sostener buena parte de su maquinaria de control interno. Pero ese soporte se vino abajo y el golpe se siente con fuerza en este arranque de 2026. Sin crudo garantizado, La Habana se queda sin margen y la realidad empieza a pasar factura en la calle.

Durante los últimos meses de 2025, Venezuela todavía enviaba a la Isla unos 35.000 barriles diarios de petróleo y derivados, una cantidad que cubría cerca de una cuarta parte del consumo energético nacional. No era un negocio normal. Eran envíos en condiciones blandas, con pagos aplazados o, en muchos casos, simplemente simbólicos. Ese trato le ahorraba al Estado cubano entre 1.000 y 2.000 millones de dólares al año, dependiendo de los precios internacionales. Para colmo, una parte del crudo se revendía para obtener divisas rápidas y tapar huecos urgentes.

Pero el acuerdo iba mucho más allá del combustible. Cuba pagaba con médicos, asesores, inteligencia y control político. Durante años, ese trueque dejó ingresos directos e indirectos que superaban los 4.000 millones de dólares anuales. Aunque el envío de petróleo había caído desde 2023, seguía siendo un balón de oxígeno clave. Al cortarse ese flujo, la economía cubana pierde una de sus últimas muletas externas y queda caminando en el aire.

El primer golpe se siente en la electricidad. Las termoeléctricas cubanas dependen del fuel oil venezolano y, sin él, los apagones se vuelven más largos, más frecuentes y más desesperantes. El transporte público entra en modo supervivencia y la circulación de alimentos y mercancías se vuelve un caos. La escasez, que ya era crónica, se profundiza sin disimulo y sin soluciones a la vista.

La industria nacional queda prácticamente paralizada y el turismo, uno de los pocos sectores que todavía genera divisas, sufre por la inestabilidad energética constante. Aquí no hay transición suave ni plan alternativo. Cada semana sin petróleo agranda un hueco que nadie está llenando. Ni Rusia ni México han mostrado capacidad —ni voluntad— de sustituir ese volumen en condiciones similares.

La crisis también desnuda una fractura política profunda. Durante años, La Habana manejó los hilos de la seguridad venezolana mientras Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro garantizaban petróleo a cambio de protección. Ese eje se rompe y deja al castrismo sin respaldo estratégico. Sin combustible no hay control total, sin control no hay estabilidad y sin estabilidad el poder se debilita.

Cuba entra en 2026 sin red de seguridad, sin aliados fuertes y con un modelo agotado. No es solo falta de energía, es pérdida de poder real. Y esta vez, como se dice en la calle, no hay quien resuelva el apagón. ⚡😶‍🌫️

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