Cuerpos de militares cubanos fallecidos durante la captura de Maduro permanecerán en Venezuela hasta que existan las condiciones para repatriarlos a Cuba

Redacción

El régimen cubano volvió a mostrar su rostro más frío y burocrático. Las autoridades informaron a la familia de Adriel Adrián Socarrás Tamayo, capitán del Ministerio del Interior, que no será posible repatriar sus restos desde Venezuela, donde falleció el pasado sábado en circunstancias aún poco claras. Ni cuerpo, ni explicaciones precisas, ni respeto para los suyos.

Socarrás Tamayo, de 32 años, murió durante los eventos relacionados con la captura de Nicolás Maduro, una operación que dejó al menos 32 militares extranjeros muertos en territorio venezolano. Sin embargo, a su familia en Cuba lo único que le han llegado son versiones a medias y excusas oficiales. Funcionarios del Partido Comunista y mandos militares del municipio Yara, en Granma, intentaron justificar la negativa alegando guerra, restricciones aeroportuarias y una supuesta imposibilidad logística.

Un familiar del oficial relató que nadie ha sido capaz de explicar con claridad qué ocurrió realmente. No hay una versión definitiva sobre cómo murió, dónde está el cuerpo ni cuándo —o si algún día— podrá ser devuelto. Según contó, las autoridades se limitan a repetir que el país estaba en guerra y que no es posible traerlo “por ahora”, sin asumir responsabilidades ni ofrecer certezas.

Lo que sí confirmaron los mandos militares es que Socarrás Tamayo formaba parte del anillo de seguridad directa de Maduro y murió en combate. Incluso su jefe de unidad en Matanzas llamó a la familia para ratificar que el capitán estaba en el cordón de protección del dictador venezolano y que el enfrentamiento fue directo, “tiro a tiro”, como lo describió.

El oficial era natural de Yara, aunque residía en Matanzas junto a su esposa y sus dos hijos. Llevaba dos años desplegado en Venezuela, cumpliendo una misión que su familia conocía solo de forma general. Como ocurre con muchos militares enviados al exterior, nunca habló de detalles, ni explicó el verdadero alcance de su rol dentro del aparato represivo venezolano.

Durante ese tiempo, Socarrás ayudaba económicamente a su madre y a su familia mediante transferencias bancarias desde el extranjero. Su última visita a Cuba fue durante unas vacaciones el año pasado. Hoy, ni siquiera pueden despedirse de él.

Uno de los momentos más angustiantes para los allegados ocurrió después de recibir la notificación oficial. El teléfono móvil del capitán seguía dando tono, lo que despertó una mínima esperanza. Pero esa ilusión fue rápidamente aplastada por los propios mandos militares, que ordenaron asumir su muerte como un hecho irreversible.

“Si existe alguna esperanza, quítensela”, fue la respuesta que recibieron. Según les dijeron, la muerte ocurrió en el mismo cordón donde estaba Maduro, cerrando cualquier duda.

El caso de Adriel Adrián Socarrás Tamayo vuelve a dejar al descubierto una realidad incómoda: el régimen cubano envía a sus hombres a misiones oscuras, pero los abandona cuando ya no sirven. Ni honores públicos, ni transparencia, ni el derecho básico de una familia a enterrar a su muerto. Solo silencio, miedo y una obediencia que ni la muerte logra romper. ⚫🇨🇺

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