El presidente estadounidense Donald Trump soltó la frase sin anestesia y dejó el panorama bien oscuro: Cuba no tiene ingresos y dependía casi por completo del petróleo venezolano. Un comentario que, más allá del tono político, desnuda una verdad incómoda para La Habana. Sin Caracas, el régimen cubano queda literalmente a oscuras.
Durante años, el castrismo sobrevivió enchufado al crudo venezolano, suficiente apenas para cubrir la mitad de sus necesidades energéticas. Un corte abrupto de ese suministro sería un golpe mortal para una economía ya en terapia intensiva. Aunque algunos analistas creen que el chavismo reciclado bajo Delcy Rodríguez podría intentar mantener el flujo, la presión de Washington hace que ese salvavidas esté cada vez más deshilachado.
Mientras tanto, los apagones siguen marcando la rutina del cubano de a pie. Solo esta semana, más de la mitad del país quedó a oscuras, según cifras oficiales. Plantas termoeléctricas obsoletas, cero mantenimiento y un sistema eléctrico parchado hacen que los casi 30.000 barriles diarios que llegaban desde Venezuela en 2025 fueran oxígeno puro. Sin eso, el colapso es cuestión de tiempo.
Desde Washington, Marco Rubio no se anda con rodeos. Para él, La Habana está metida en un lío serio, aunque evita detallar los próximos pasos. El canciller Bruno Rodríguez insiste en el libreto de siempre y acusa a Estados Unidos de buscar un cambio de régimen, algo que la Casa Blanca ni confirma ni desmiente. La realidad es que al castrismo ya no le cree nadie.
La situación interna pinta cada día peor. Inflación disparada, turismo en caída libre, apagones interminables y una libreta de abastecimiento cada vez más flaca. Cuba vive su peor momento en décadas, incluso sin contar lo que pasa en Venezuela. Y si se suma el factor petrolero, el escenario roza lo apocalíptico.
La alianza entre La Habana y Caracas, firmada en el año 2000, siempre fue un intercambio desigual: petróleo a cambio de médicos, entrenadores… y ahora se confirma lo que muchos sospechaban, militares cubanos integrados al aparato de seguridad del chavismo. La reciente muerte de decenas de cubanos en territorio venezolano lo dejó al descubierto. Murieron defendiendo un régimen ajeno para mantener encendida una bombilla en Cuba.
La dependencia ya no es la de hace una década, cuando Venezuela enviaba hasta 100.000 barriles diarios, pero sigue siendo clave. El problema es que Cuba no tiene plan B. Si el nuevo poder en Caracas renegocia con Estados Unidos y corta o reduce los envíos, la isla entra en asfixia total.
Algunos hablan de un escenario “optimista”, donde Washington permita que el petróleo siga fluyendo para evitar una crisis humanitaria y migratoria a 150 kilómetros de Florida. Otros, más realistas, advierten que si el suministro cae a cero, la economía cubana simplemente se paraliza. Sin electricidad no hay industria, no hay transporte y no hay vida normal posible.
La Habana ha intentado diversificar proveedores, pero sin mucho éxito. México y Rusia aportan algo, muy por debajo de lo que necesita el país, y siempre de forma irregular. Cuba no compra petróleo: lo mendiga, porque no tiene con qué pagar. Solo recibe ayuda de aliados políticos, no de socios comerciales reales.
El problema es más profundo. La isla no genera divisas, ya no exporta azúcar como antes, el níquel está comprometido y el modelo económico espanta a cualquiera con dinero. Cuando Cuba toca puertas, no ofrece negocios, ofrece ideología… y eso ya no convence.
Pese a todo, el Gobierno de Díaz-Canel sigue aferrado al discurso antiimperialista y evita tomar decisiones de fondo. Las reformas necesarias se postergan, se diluyen o se anuncian a medias. El régimen pierde legitimidad mientras culpa al embargo, pero la gente sabe que el desastre también tiene nombre y apellidos dentro del poder.
Lo más probable es que el castrismo responda como siempre: más control, más centralización y menos libertades. No es una crisis que empuje a reformas, sino una que refuerza el miedo a perder el control.
Hoy, casi diez millones de cubanos esperan el desenlace de decisiones que se toman fuera de la isla. Trump ya dejó claro que no piensa intervenir militarmente, pero también advirtió que Cuba está a punto de caer. Y esta vez, sin petróleo, sin dinero y sin credibilidad, el suelo parece mucho más cerca. 🔌🌑🇨🇺







