Trump exige a la nueva presidenta de Venezuela cortar todas sus relaciones económicas con Cuba y convertir a EEUU petrolero casi exclusivo

Redacción

La administración del presidente Donald Trump ha lanzado una exigencia clara y sin medias tintas a la dirigencia venezolana: si quiere manejar su petróleo y aumentar su producción, tiene que hacerlo solo con Estados Unidos y dejar a un lado a sus aliados tradicionales. Eso implica terminar relaciones económicas y estratégicas con China, Rusia, Irán y, por supuesto, Cuba, según informes citados por la cadena ABC que recoge declaraciones de fuentes anónimas cercanas al proceso.

Este movimiento no es un simple ajuste comercial ni un cambio diplomático menor. Se trata de una reconfiguración total de la política petrolera venezolana, en la que Washington se reserva el papel dominante en la producción y pone como condición que todo el crudo pesado se negocie privilegiando al mercado estadounidense.

La Casa Blanca, por su parte, ha guardado silencio oficial sobre los detalles de estas demandas, pero las fuentes consultadas señalan que el mensaje fue claro: Venezuela debe expulsar o reducir al mínimo la presencia de potencias como China, Rusia, Irán y Cuba, países que han sido pilares de su economía y seguridad durante años.

Este giro radical llega en un momento de tensión extrema tras la captura del presidente Nicolás Maduro en una operación que Estados Unidos presenta como parte de su estrategia. El propio Trump anunció que Venezuela se comprometería a entregar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo al mercado estadounidense, con los ingresos controlados por él mismo para “beneficiar a ambos pueblos”, según sus palabras en la plataforma Truth Social.

La exigencia de romper lazos con Cuba no puede verse como un detalle menor. Desde hace décadas, el gobierno cubano ha sido aliado incondicional de Caracas, especialmente en temas de inteligencia, apoyo político y presencia militar. Exigir su salida del tablero venezolano es un intento de desarticular toda red de colaboración regional que no esté subordinada a los intereses estadounidenses.

Delcy Rodríguez, quien ejerce funciones como presidenta interina en Caracas reconocida por Washington, ha recibido estas demandas en medio de una situación caótica, con presión política interna y la presencia directa de fuerzas y compañías estadounidenses interesadas en el petróleo venezolano.

Más allá de la retórica oficial, este nuevo capítulo deja ver que Estados Unidos no sólo quiere negociar ventas de crudo, sino reconfigurar el mapa de alianzas latinoamericanas, debilitando a países como Cuba que han sido contrapesos a la hegemonía norteamericana. Para los pueblos de la región, esto significa que la economía y la soberanía de Venezuela —y sus vínculos históricos— están ahora más expuestos que nunca al capricho de Washington.

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