En un mensaje que sacude los cimientos del aparato represivo del régimen, el opositor cubano José Daniel Ferrer hizo pública una carta abierta dirigida a los mandos y tropas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, exhortándolos a dejar de ser “instrumentos de la represión” y a asumir un rol activo en el cambio político que Cuba reclama a gritos.
La misiva, fechada en Miami el 8 de enero, parte de una afirmación contundente: Cuba atraviesa la peor crisis de los últimos 70 años. Ferrer describe un país hundido en el colapso económico, el desastre energético, la escasez de alimentos y medicinas, el deterioro social y un éxodo masivo que vacía barrios enteros mientras el poder sigue atrincherado en consignas gastadas.
El líder opositor conecta el drama cubano con el contexto regional y menciona directamente lo ocurrido en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, subrayando que los tiempos han cambiado y que los regímenes autoritarios ya no gozan de la impunidad de antes. En ese escenario, llamó a las FAR y al MININT a no repetir errores históricos y a colocarse del lado del pueblo.
Ferrer fue claro al afirmar que el cambio en Cuba es inevitable, con o sin el consentimiento de la cúpula del Partido Comunista. Por eso, instó a los militares y fuerzas del orden a convertirse en protagonistas de una transición democrática y no en obstáculos de un proceso que tarde o temprano se impondrá.
En su mensaje, defendió la necesidad de elecciones libres, pluralismo político real y una nueva Constitución, construida sin exclusiones y pensada para todos los cubanos, no para perpetuar a una élite. Frente al inmovilismo del régimen, Ferrer plantea una salida cívica y pacífica, pero firme.
El opositor también denunció la existencia de decenas de presos políticos, a quienes definió como prisioneros de conciencia encarcelados únicamente por oponerse al Partido Comunista y ejercer derechos básicos. Exigió su liberación inmediata y recordó que ningún sistema que encarcela a su propio pueblo puede sostenerse indefinidamente.
Hacia el final, Ferrer apeló al peso de la historia y recordó transiciones como las de Portugal, Filipinas y Rumanía, donde sectores militares decidieron romper con gobiernos autoritarios y respaldar las demandas populares. El mensaje es directo y sin rodeos: las fuerzas armadas cubanas deberán decidir si quedan del lado de un régimen en ruinas o del lado de un país que exige futuro.







