La violencia volvió a golpear con crudeza a Cuba, esta vez en Sancti Spíritus, donde el asesinato de una trabajadora de la salud ha dejado a toda una comunidad en shock. El crimen ocurrió en La Yaya, municipio Jatibonico, en plena tarde, entre la una y las tres, en un cañaveral cercano a un campamento agrícola. A plena luz del día, sin testigos, sin protección y, como casi siempre, sin respuestas claras.
La víctima fue identificada como Magalis Arango Arango, de 58 años, enfermera conocida y respetada en la zona por su entrega al sistema de salud. De acuerdo con informaciones difundidas por páginas independientes como Nio Reportando un Crimen y La Tijera, Magalis regresaba a su casa cuando fue interceptada, agredida con extrema violencia y asesinada. Los detalles estremecen: fue atada con su propio pantalón y asfixiada, un nivel de brutalidad que habla de un crimen despiadado y de una total ausencia de control.
Las primeras investigaciones apuntan como principal sospechoso a Yoel Soriano Santana, de 44 años, un recluso común vinculado a la granja donde ocurrió el hecho. No se trata de un delincuente menor. El hombre cumple una sanción de 26 años de prisión por asesinato, con ingreso al sistema penitenciario desde noviembre de 2005. Aun así, estaba fuera, moviéndose con libertad suficiente como para cometer otro crimen mortal.
Tras el asesinato, Soriano Santana fue detenido nuevamente y permanece en una celda de seguridad mientras continúan las pesquisas. Pero la pregunta que muchos se hacen en Sancti Spíritus es otra: ¿qué hacía un condenado por homicidio fuera de prisión, sin supervisión efectiva, en contacto con civiles?
Este crimen ha encendido la indignación popular y ha vuelto a poner bajo la lupa el fracaso del sistema penitenciario cubano, especialmente el uso de granjas abiertas y regímenes “flexibles” para reclusos con antecedentes violentos. El discurso oficial insiste en la “reinserción social”, pero la realidad demuestra que la improvisación y la negligencia están costando vidas.
Mientras la Guardia Operativa Provincial asegura que continúa investigando el caso, el silencio de los medios oficiales resulta ensordecedor. No hay comparecencias, no hay explicaciones públicas, no hay responsables señalados. Solo una familia destrozada, compañeros de trabajo de luto y una población cada vez más consciente de que en Cuba la inseguridad ya no es una excepción, sino una constante.
Desde redes sociales y espacios ciudadanos independientes han llegado mensajes de dolor, rabia y exigencia de justicia para Magalis Arango Arango, una mujer que dedicó su vida a cuidar a otros y terminó abandonada por un Estado incapaz de garantizar lo más básico: la vida y la seguridad.







