¡Ultima Hora! Trump dice que en Cuba no queda otra opción para su libertad que «entrar y destruir el lugar»

Redacción

Donald Trump volvió a lanzar un misil político directo a La Habana. En una entrevista con el presentador conservador Hugh Hewitt, el mandatario estadounidense afirmó que Washington ya exprimió al máximo la presión contra el régimen cubano y que cualquier paso adicional pasaría inevitablemente por una acción militar directa.

Con su estilo frontal, Trump dejó poco espacio a la interpretación. A su juicio, no existe margen real para seguir apretando sin cruzar la línea de una intervención abierta. La frase, dura y sin rodeos, llegó mientras hablaba de una dictadura comunista que arrastra más de seis décadas en el poder y que hoy muestra señales claras de agotamiento estructural.

El presidente contextualizó sus palabras en el nuevo escenario regional, marcado por la caída de Nicolás Maduro en Venezuela. Para Trump, ese hecho dejó al descubierto una verdad incómoda para La Habana: el régimen cubano vivió durante años conectado a la teta venezolana, de donde salían el petróleo barato y los recursos que mantenían viva la maquinaria del poder.

Según explicó, la supervivencia del sistema dependía casi por completo de Caracas, y sin ese respaldo el edificio empieza a resquebrajarse. En ese punto fue aún más directo al referirse a Miguel Díaz-Canel, a quien describió como el rostro de un régimen que hoy “está colgando de un hilo”.

Trump también dejó claro que no considera imprescindible una intervención inmediata. Desde su perspectiva, el colapso podría llegar por puro desgaste interno, empujado por la crisis económica, el descontento social y la incapacidad del sistema para sostenerse sin subsidios externos.

“Cuba está en grandes problemas”, insistió, aunque admitió que ese diagnóstico se ha escuchado durante años sin que el régimen termine de desplomarse. La diferencia, según él, es que ahora la caída se siente más cercana, más real, menos teórica.

Las declaraciones no surgieron en el vacío. Llegan pocos días después de que Trump asegurara, desde el Air Force One, que “Cuba está lista para caer”, y en medio de un endurecimiento evidente del discurso republicano contra La Habana.

Desde el Senado, voces influyentes han elevado el tono. Lindsey Graham, uno de los aliados más cercanos de Trump en política exterior, aseguró que “los días del régimen cubano están contados” y calificó a la Isla como el núcleo del autoritarismo en América Latina, una definición que resume el papel que durante años ha jugado La Habana como exportadora de control y represión.

Este giro retórico coincide con una ofensiva económica más amplia de Washington en la región. La Casa Blanca ha condicionado cualquier reactivación del petróleo venezolano a una ruptura total de Caracas con Cuba, así como con China, Rusia e Irán. De cumplirse, esa exigencia dejaría a la Isla todavía más aislada y sin su principal fuente de energía subsidiada.

El mensaje es claro y no tiene matices. El régimen cubano se queda sin aliados, sin recursos y sin excusas, mientras el tiempo corre en su contra. La pregunta ya no es si habrá un cambio, sino cuánto más podrá aguantar un sistema que vive de prórroga en prórroga.

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