Bruno Rodríguez llega sin aviso oficial a Venezuela para rendir homenaje a militares cubanos fallecidos durante la captura de Maduro

Redacción

Sin previo aviso y en absoluto silencio oficial, el canciller del régimen cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, apareció en Venezuela para participar en un acto de homenaje a combatientes cubanos y venezolanos muertos durante la operación militar de Estados Unidos que culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro.

Fue el propio Rodríguez quien destapó la visita a través de la red social X, donde confirmó su presencia junto a Delcy Rodríguez, presidenta encargada del gobierno interino venezolano, y otros altos jerarcas del chavismo. El evento incluyó ascensos y condecoraciones a fallecidos y heridos, presentados por ambos regímenes como “defensores de la patria”.

En su mensaje, el canciller cubano recurrió al habitual tono épico del castrismo. “La sangre de ambos pueblos se fundió en tierra venezolana”, escribió, intentando envolver en lirismo lo que no es más que la confirmación del involucramiento directo de Cuba en el conflicto venezolano y en la protección del chavismo hasta el último momento.

El acto encaja perfectamente en la narrativa propagandística de La Habana y Caracas, empeñadas en glorificar a los caídos y reforzar una supuesta hermandad revolucionaria, justo cuando ambos regímenes atraviesan uno de sus momentos más débiles frente a Washington. Más que un homenaje, el evento parece diseñado para enviar un mensaje político: la alianza sigue viva, aunque el tablero regional haya cambiado radicalmente.

La presencia de Bruno Rodríguez en este tipo de ceremonias oficiales confirma el vínculo estratégico entre Cuba y el nuevo poder en Venezuela, incluso después del golpe que supuso la caída de Maduro. Lejos de tomar distancia, el régimen cubano opta por exhibir respaldo público y simbólico, como si la lealtad ideológica pudiera compensar el aislamiento internacional y el desgaste interno.

Llama la atención que la visita no fuera anunciada por ningún canal oficial, ni en La Habana ni en Caracas. Hasta que el propio canciller publicó las imágenes, no existía rastro alguno del viaje, lo que refuerza la impresión de un desplazamiento calculadamente discreto, fuera del radar mediático y diplomático.

Ese secretismo abre más preguntas que respuestas. ¿Qué otros encuentros sostuvo Rodríguez durante su estancia? ¿Qué mensajes se intercambiaron en privado en medio de la tensión regional y del creciente escrutinio internacional sobre la relación Cuba-Venezuela? El régimen, como de costumbre, guarda silencio.

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