Bruno Rodríguez y Delcy Rodríguez se reúnen a puertas cerradas en Venezuela bajo fuertes rumores de un «enfriamiento» en sus relaciones

Redacción

El canciller del régimen cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, apareció esta semana en Venezuela sin previo aviso para participar en un acto oficial en homenaje a cubanos y venezolanos muertos defendiendo al gobierno de Nicolás Maduro, según reveló el periodista Javier Díaz en redes sociales. La visita ocurre en un momento especialmente delicado, cuando Caracas empieza a recomponer sus relaciones con Estados Unidos tras meses de confrontación política y aislamiento internacional.

Rodríguez llegó a territorio venezolano sin anuncio público alguno y fue visto en actividades oficiales junto a la presidenta interina Delcy Rodríguez, con quien sostuvo reuniones a puertas cerradas. En la ceremonia, ambos gobiernos exaltaron a los combatientes caídos, en un intento evidente de revivir la narrativa de hermandad revolucionaria justo cuando esa alianza empieza a mostrar grietas por todos lados.

El viaje no pasó desapercibido y rápidamente desató especulaciones sobre el futuro del vínculo entre La Habana y Caracas, una relación que durante años funcionó como salvavidas político y económico para el régimen cubano. Con Venezuela dando señales de acercamiento a Washington, analistas coinciden en que Cuba ya no ocupa el mismo lugar privilegiado de antes, aunque por ahora no exista una ruptura oficial.

Una señal clara de ese desgaste fue el retiro de los médicos cubanos que permanecían en misiones en Venezuela, una decisión tomada en medio de los recientes cambios políticos. Durante años, ese contingente fue vendido como cooperación solidaria, pero en la práctica funcionó como un negocio millonario para el régimen cubano. Su salida ha sido leída por muchos como un síntoma de que la relación bilateral ya no camina con la misma fuerza, y de que la presión internacional empieza a surtir efecto.

Mientras tanto, Venezuela atraviesa un proceso de transformación política tras la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses y la instalación de un gobierno interino dispuesto a dialogar con Washington. En ese nuevo escenario, Caracas ha comenzado a liberar presos políticos y a normalizar relaciones con actores internacionales, incluidas empresas petroleras de Estados Unidos, marcando un giro que habría sido impensable hace solo unos meses.

En medio de ese reacomodo, el papel de Cuba queda en entredicho. Desde La Habana, el discurso oficial insiste en hablar de soberanía y en condenar supuestas agresiones externas, pero la realidad es otra. La visita silenciosa de su canciller, las reuniones discretas con Delcy Rodríguez y la retirada de piezas clave como los médicos cubanos dejan claro que el viejo eje Cuba-Venezuela ya no manda como antes y que el régimen cubano se mueve más por miedo que por convicción, tratando de no quedarse fuera del nuevo tablero regional.

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