Delcy Rodríguez convierte a militares cubanos muertos durante captura de Maduro en “héroes de la patria” para blindar el relato

Redacción

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, decidió subir el volumen de la épica revolucionaria y declaró “héroes y heroínas de la patria” a los militares cubanos y venezolanos muertos durante la operación militar de Estados Unidos que terminó con la captura de Nicolás Maduro. Nada nuevo: cuando el desastre es grande, el discurso lo es aún más.

Durante un acto oficial de homenaje por los hechos del 3 de enero, Rodríguez habló de la “patria de Simón Bolívar” e incluyó sin rubor a los 32 combatientes cubanos, a quienes presentó como hermanos de lucha. Según su versión, eran “hijos de Martí y de Fidel” que combatieron “como un solo pueblo” frente a una agresión que calificó de ilegal e ilegítima. Retórica solemne, realidad incómoda.

La glorificación de la muerte como política de Estado

Rodríguez defendió abiertamente el uso de las armas como pilar del poder. Para ella, las armas no reprimen ni sostienen dictaduras, sino que “cuidan la República” y protegen la soberanía, la dignidad y la moral. Un discurso que suena bonito en tarima, pero que choca con décadas de represión, pobreza y militarización tanto en Venezuela como en Cuba.

También habló de una supuesta cohesión espiritual del pueblo venezolano y aseguró que el país no es “guerrerista”. La paradoja es brutal: no son guerreristas, pero celebran la muerte armada y levantan monumentos a soldados caídos en operaciones encubiertas.

Monumentos, comisiones y lealtad ciega

Como parte del libreto, la presidenta encargada anunció la creación de una comisión para acompañar a los familiares de los fallecidos y la construcción de un monumento para preservar la memoria de quienes, según su relato, “no se rindieron”. Más símbolos, más cemento, menos respuestas.

Rodríguez aprovechó además para ratificar su lealtad absoluta a Nicolás Maduro, a quien volvió a llamar “secuestrado”, y a Cilia Flores. Juró no descansar hasta verlos “de vuelta a su Patria”, como si el problema de Venezuela fuera exclusivamente la ausencia física de Maduro y no el sistema que dejó detrás.

Cuba admite lo que negó durante años

El acto tuvo un detalle clave: la presencia del canciller cubano Bruno Rodríguez, una señal clara de que la alianza entre La Habana y Caracas sigue viva, aunque ahora camine sobre escombros. Días después de la operación, el régimen cubano hizo público el listado de los 32 cubanos fallecidos, todos miembros de las FAR y el MININT.

El Gobierno admitió que se trataba de personal que cumplía “misiones” a solicitud de organismos venezolanos, reconociendo oficialmente la presencia militar cubana en Venezuela, algo que durante años negó con descaro. En la lista aparecieron oficiales de alto rango, coroneles, mayores, capitanes y soldados, algunos de hasta 67 años.

La narrativa intenta vestir de heroísmo lo que en realidad es la confirmación de una intervención militar encubierta y costosa en vidas humanas. Pero para ambos regímenes, admitir el fracaso nunca es opción. Mejor levantar héroes, repetir consignas y seguir vendiendo épica, aunque el telón ya esté cayendo.

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