Díaz-Canel reconoce falta total de unidad dentro de las filas del Partido Comunista de Cuba

Redacción

Miguel Díaz-Canel volvió a decir en voz alta lo que dentro del Partido Comunista muchos saben desde hace rato, pero pocos se atreven a admitir públicamente: la supuesta unidad del PCC no existe tal y como la vende el discurso oficial. El reconocimiento llegó durante los plenos extraordinarios de los comités provinciales del Partido en Santiago de Cuba y Guantánamo, donde el propio primer secretario aceptó que la unidad no puede ser “formal ni acrítica”.

En un mensaje transmitido por Canal Caribe, Díaz-Canel lanzó una frase que, leída entre líneas, deja al descubierto la crisis interna del aparato político. Aseguró que no basta con repetir que hay unidad si en la práctica reina el silencio, el miedo y la simulación, una confesión que desmonta años de propaganda oficial basada en consignas vacías.

“El problema es creer que porque decimos que estamos unidos, lo estamos de verdad”, vino a decir el mandatario, insistiendo en que sin debate real ni crítica abierta no existe unidad, sino una ficción conveniente para mantener las apariencias. El detalle incómodo es que ese mismo sistema sigue castigando cualquier crítica que no salga del guion autorizado.

Díaz-Canel intentó vestir el asunto de participación y franqueza, hablando de discusiones “fuertes” dentro del Partido y de avanzar juntos pese a las diferencias. Pero la realidad cubana choca de frente con ese relato: fuera de las salas del PCC, opinar distinto sigue siendo motivo de represión, expulsión laboral o cárcel. La crítica solo es válida cuando no cuestiona el poder.

En otro momento del encuentro, el gobernante volvió a pasar la factura a la militancia, exigiendo que asuma responsabilidad por “lo que no funciona bien” en el país. Un discurso reciclado que, en plena crisis económica, sirve más para repartir culpas hacia abajo que para asumir errores desde arriba.

El mensaje no fue aislado. Forma parte de una gira política que Díaz-Canel inició días antes en Pinar del Río y Artemisa, donde también responsabilizó a las bases del Partido por los fracasos del sistema. Todo ocurre mientras los apagones se multiplican, la escasez ahoga a la población y el malestar social ya no cabe debajo de la alfombra.

Aunque el régimen presenta estos recorridos como ejercicios de “fortalecimiento de la unidad”, lo que realmente reflejan es fatiga política, desgaste institucional y una pérdida creciente de credibilidad incluso dentro del propio PCC. La insistencia obsesiva en hablar de unidad delata, paradójicamente, que esa unidad se está rompiendo.

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