Vocero oficialista se jacta en televisión nacional que los 32 militares cubanos que murieron en Venezuela lo hicieron para evitar ser capturados

Redacción

La propaganda oficial cubana volvió a cruzar una línea que ya casi no existe. Durante una reciente emisión de Mesa Redonda, el periodista oficialista Oliver Zamora, uno de los voceros más fieles del castrismo, se jactó abiertamente de que 32 militares cubanos murieran en Venezuela para evitar que alguno fuera capturado por fuerzas estadounidenses.

Sin rodeos y con un tono que heló la sangre, Zamora afirmó que a esos cubanos “hubo que matarlos” tras un despliegue militar masivo, celebrando que Estados Unidos no lograra capturar a ninguno con vida. Según su relato, el objetivo era impedir que algún sobreviviente pudiera ser interrogado o utilizado como testigo. Dicho así, sin maquillaje, como si hablar de vidas perdidas fuera una victoria táctica.

Las declaraciones no fueron un desliz. Encajan perfectamente en el relato que el régimen viene empujando desde la operación militar del 3 de enero en Venezuela, una narrativa diseñada para glorificar la muerte, inflar un falso heroísmo y proyectar la imagen de una Cuba lista para enfrentarse a Washington, aunque la realidad dentro de la Isla sea un desastre absoluto.

Mientras en la televisión estatal se alardea de “resistencia” y “sacrificio”, en La Habana lo que crece es el miedo. La caída de Nicolás Maduro, principal sostén político y económico del castrismo durante años, dejó al régimen cubano más desnudo que nunca. A eso se suman las declaraciones de Donald Trump, quien ha dicho sin rodeos que el gobierno cubano “pende de un hilo”.

En los pasillos del poder, muchos creen que la cúpula castrista teme seriamente una acción militar similar a la ocurrida en Venezuela. El movimiento de buques anfibios estadounidenses como el USS Iwo Jima y el USS San Antonio hacia el Atlántico, al norte de Cuba, no ha pasado inadvertido. Pero hacia afuera, el libreto es otro: calma fingida, pecho inflado y consignas recicladas.

Zamora insistió en que Cuba ha vivido antes supuestos “peligros de invasión” y que nada ocurrió. Recordó amenazas durante gobiernos de Reagan, Clinton y los Bush, como si repetir la historia bastara para conjurar una realidad completamente distinta. El problema es que hoy el contexto es otro, y el régimen lo sabe, aunque no lo admita en cámara.

Para sostener la ficción de un apoyo popular inexistente, el discurso oficial vuelve a mentir sin pudor. Zamora aseguró que, pese a apagones interminables, crisis de transporte, escasez de alimentos y falta de medicamentos, el régimen es capaz de llenar plazas en horas y que el pueblo está “consternado” por la muerte de los 32 cubanos. Una afirmación que choca frontalmente con lo que se ve en las calles y en las redes: cansancio, rabia y hastío.

Hablar de “conciencia política” y de “revolución verdadera” en un país hundido en la miseria es casi una burla. El castrismo no defiende a Cuba, se defiende a sí mismo, incluso si para eso necesita convertir la muerte de sus ciudadanos en material propagandístico y venderla como orgullo nacional.

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