Algo se cocina contra el régimen en la Casa Blanca: Embajador de EEUU en La Habana se reúne con Marco Rubio «para analizar la situación en Cuba»

Redacción

El jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, sostuvo este viernes un encuentro clave con el secretario de Estado Marco Rubio en la Casa Blanca, en un momento en que el régimen de La Habana enfrenta una de sus etapas más frágiles en décadas.

La reunión, confirmada por la Embajada de Estados Unidos en La Habana a través de su cuenta oficial en X, estuvo centrada en la situación política y económica de Cuba y en el respaldo de Washington al ciudadano común, ese que carga sobre los hombros el peso del colapso provocado por más de seis décadas de mala gestión y autoritarismo.

“Nuestro jefe de misión, Mike Hammer, se reunió hoy con el secretario de Estado Marco Rubio para analizar la situación en Cuba y reafirmar nuestro firme apoyo al cubano de a pie”, señaló la sede diplomática en su mensaje.

La publicación no pasó inadvertida. Junto al texto apareció una fotografía en la que ambos funcionarios posan sonrientes, haciendo con las manos el símbolo de la libertad que se ha convertido en emblema de activistas y opositores dentro y fuera de la isla. El gesto se viralizó rápidamente y fue leído como una señal política directa de respaldo a la disidencia cubana.

El encuentro marca una nueva etapa de coordinación en la política estadounidense hacia Cuba, enfocada en incrementar la presión económica y diplomática sobre el régimen de Miguel Díaz-Canel, al tiempo que se refuerza el apoyo a la sociedad civil, duramente reprimida por el aparato de seguridad del Estado.

Fuentes cercanas al diálogo señalan que Rubio insistió en la necesidad de mantener el cerco internacional hasta que los cubanos puedan vivir sin miedo, sin persecución y con libertades reales, algo que el sistema actual es incapaz de ofrecer.

La administración de Donald Trump, con Rubio al frente de la diplomacia, ha dejado claro que no habrá concesiones gratuitas a un régimen que sobrevive a base de control, represión y dependencia externa. La caída de Nicolás Maduro y el colapso del eje Caracas-La Habana han debilitado severamente a la dictadura cubana, privada ahora de su principal sostén energético y financiero.

Mientras el Gobierno cubano insiste en vender resistencia y soberanía, Washington afila su estrategia y envía mensajes claros: el respaldo es para el pueblo, no para quienes lo mantienen empobrecido y silenciado. Y esta vez, el gesto desde la Casa Blanca no parece casual ni simbólico, sino parte de un tablero donde La Habana juega cada vez con menos fichas.

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