Bruno Rodríguez se pone valentón y le envía mensaje a Trump tras amenazas a Cuba: “Estamos dispuestos a dar nuestras vidas”

Redacción

En lugar de ofrecer respuestas concretas a una crisis que asfixia al país, el régimen cubano volvió a refugiarse en la retórica épica. Esta vez fue el canciller Bruno Rodríguez Parrilla quien salió al ruedo para rechazar las declaraciones de Donald Trump sobre el futuro de Cuba, asegurando que los cubanos están dispuestos a “dar sus vidas” en defensa de la soberanía nacional.

El mensaje, publicado en la red social X, no sorprendió a nadie. Rodríguez acusó al presidente estadounidense de desconocer la realidad cubana y de repetir una supuesta “agenda de mentiras”, mientras evitó mencionar el desastre interno que vive la Isla, con una economía colapsada y servicios básicos al borde del apagón permanente.

La reacción del canciller llega en un momento particularmente delicado para La Habana. La captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y la interrupción del suministro petrolero desde Venezuela dejaron al régimen cubano sin su principal soporte energético y financiero. Un golpe duro, aunque previsible, para un sistema que lleva décadas sobreviviendo gracias a subsidios externos.

Trump fue directo. Dijo que Cuba “está a punto de caer”, precisamente por la pérdida del respaldo venezolano. Y no le falta lógica: sin petróleo barato ni chequera ajena, la fragilidad del modelo cubano queda al desnudo. Eso fue suficiente para que el castrismo desempolvara su libreto favorito: agresión imperialista, resistencia histórica y sacrificio sin fin.

Rodríguez, fiel al guion, insistió en que las sanciones estadounidenses son las culpables de la miseria que viven las familias cubanas. Lo que no explicó es por qué, incluso en épocas de bonanza petrolera venezolana, el país nunca logró levantar una economía funcional, ni garantizar comida estable, transporte decente o electricidad sin apagones.

Analistas internacionales coinciden en que Cuba atraviesa una de sus peores crisis en décadas. La caída del apoyo venezolano agravó el desastre, pero el problema es más profundo: un sistema económico ineficiente, centralizado y políticamente asfixiante que no genera riqueza ni incentivos reales.

Mientras tanto, el gobierno de Díaz-Canel insiste en hablar en nombre de “el pueblo”, convoca actos de respaldo y refuerza el discurso de plaza sitiada. Todo con un objetivo claro: cerrar filas internamente y desviar la atención del fracaso estructural del régimen.

En la Cuba real, la que no sale en los comunicados oficiales, la gente no está pensando en dar la vida por consignas. Está pensando en cómo conseguir comida, cómo sobrevivir al próximo apagón y cómo escapar de un país donde el poder promete heroísmo mientras la población paga el precio del colapso.

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