Escasez de gas en Cuba dispara el precio de las «balitas» hasta los 50 mil pesos en el mercado informal

Redacción

El "gas de balita" también aumenta su precio en Cuba y el Gobierno le echa la culpa al bloqueo

En plena crisis energética, cocinar en Cuba se ha convertido en un acto de resistencia. El precio de una simple balita de gas licuado ha explotado en el mercado informal, alcanzando hasta 30.000 CUP en varias zonas del país, una cifra impensable para la mayoría de las familias que sobreviven con salarios de miseria.

Desde finales de noviembre, la escasez de gas se ha vuelto crónica en múltiples provincias. Portales digitales dedicados a clasificados reflejan lo que ya se comenta en cualquier cola o barrio: una balita de 10 kilos se vende entre 10.000 y 30.000 pesos, dependiendo del lugar y de cuán desesperado esté el comprador. En Cuba, la necesidad siempre paga más caro.

La situación es aún más dramática fuera de la capital. En el mercado negro, un balón de 100 libras puede llegar a costar hasta 50.000 CUP, un golpe brutal para familias rurales o de zonas intrincadas. En Santiago de Cuba, el gas a granel ronda los 30.000 pesos, mientras que en La Habana los precios se mueven por cifras igual de abusivas. Todo esto ocurre mientras el salario medio sigue anclado en otra realidad.

La raíz del problema no es ningún misterio. Cubapetróleo (Cupet) suspendió indefinidamente la distribución de gas en Santiago de Cuba y en el resto del oriente del país, sin ofrecer soluciones claras ni plazos creíbles. Como casi todo en Cuba, la respuesta oficial es el silencio… o la justificación vacía.

Ante la falta de gas, miles de familias han tenido que retroceder décadas. La leña y el carbón han vuelto a ser la única opción en muchos hogares, incluso en barrios de La Habana. Cocinar se ha convertido en una odisea diaria que golpea con más fuerza a ancianos, enfermos y personas con bajos recursos, justo los mismos que el discurso oficial dice “proteger”.

El desplome del chavismo y el golpe energético a Cuba
El deterioro del panorama energético cubano también está ligado al fin del sostén petrolero venezolano. Durante años, La Habana vivió enganchada al crudo subsidiado de Nicolás Maduro, y ahora paga las consecuencias de haber apostado todo a una dictadura hermana que terminó cayendo.

Con la interrupción de los envíos desde Venezuela, el sistema energético cubano queda aún más expuesto. Expertos advierten que la escasez de gas podría empeorar y arrastrar consigo apagones más largos y frecuentes. Gas, electricidad y combustible forman hoy un mismo desastre, administrado por un Estado incapaz de garantizar lo básico.

En barrios como San Miguel del Padrón, Boyeros y Marianao, el malestar crece sin freno. En redes sociales y conversaciones cotidianas, los cubanos ya no disimulan su hartazgo. Para muchos, la falta de gas es solo otro síntoma de un país donde todo sube menos la calidad de vida.

Los testimonios se repiten de punta a punta de la Isla. “Llevo meses sin gas”, dice un habanero resignado. Desde Santiago, otro resume la tragedia diaria: “Cada día es más difícil vivir así. Cocinamos con leña porque no hay otra”. Mientras tanto, el régimen sigue vendiendo discursos, pero ni calienta la olla… ni llena el fogón.

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