El dólar y el euro volvieron a romper techos este sábado en el mercado informal cubano, confirmando una vez más la distancia abismal entre la Cuba real y la Cuba del discurso oficial. Mientras el Gobierno insiste en vender normalidad, la calle sigue marcando el pulso de una economía que no cree en consignas.
De acuerdo con el monitoreo del observatorio independiente elTOQUE, el dólar estadounidense se cotiza ya en 458 pesos cubanos, mientras el euro alcanzó los 500 CUP, una cifra que hace apenas meses parecía impensable. La Moneda Libremente Convertible, por su parte, se mantiene estable en 400 CUP, reflejando su propio estancamiento dentro del caos monetario.
En el otro carril, completamente desconectado de la realidad, el Banco Central de Cuba fijó sus tasas oficiales en 413 CUP por dólar y 480.36 CUP por euro. La diferencia no es menor: 45 pesos por dólar y casi 20 por euro, una brecha que deja en evidencia que el tipo de cambio oficial no gobierna nada fuera del papel.
Esta distancia no es solo una cuestión de números. Es la prueba de que en Cuba funcionan dos economías que no se tocan. Una, la oficial, sostenida a fuerza de resoluciones, sin divisas, sin oferta y sin credibilidad. La otra, la informal, que opera con miedo, escasez y supervivencia, pero que refleja con brutal honestidad el valor real del dinero.
Aunque el Gobierno insiste en que su llamada “tasa flotante diaria” responde a las condiciones del mercado, los hechos la desmienten sin piedad. El Banco Central apenas ajusta uno o dos pesos por jornada, mientras el dólar y el euro corren desbocados en la calle. El resultado es una tasa oficial que se ha convertido en un adorno estadístico, sin impacto económico ni confianza popular.
Economistas consultados coinciden en que el problema va mucho más allá de lo monetario. El Estado no tiene divisas, no controla el flujo real del mercado y tampoco tiene herramientas para imponer su tipo de cambio. Por eso, aunque sea ilegal sobre el papel, el mercado informal es la única referencia válida para precios, salarios y ahorro.
A este descalabro se suma el factor político. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela y el temor a que se rompan los acuerdos energéticos con La Habana han tenido un efecto inmediato. Cada sacudida geopolítica dispara el pánico, y en Cuba el reflejo es automático: el peso se desploma y la gente corre a protegerse en monedas fuertes.
La brecha cambiaria ya no solo mide cuánto vale el dólar. Mide cuánta desconfianza existe hacia el sistema económico cubano. Con el euro clavado en 500 CUP y el dólar pisándole los talones, el peso nacional pierde poder adquisitivo, pero sobre todo pierde sentido como moneda.







