La extracción fulminante de Nicolás Maduro de su búnker en Caracas por fuerzas de élite del ejército estadounidense no solo sacudió a Venezuela. En La Habana se encendieron todas las alarmas, y la cúpula castrista, junto al alto mando militar cubano, empezó a mostrar los nervios sin disimulo.
En las últimas horas, el Ministerio de las Fuerzas Armadas (Minfar) publicó un mensaje en su cuenta oficial de Facebook que huele más a consigna desesperada que a doctrina militar. Sin mencionar directamente a Venezuela ni al ejército chavista, el texto lanza una advertencia grandilocuente: “jamás daremos la orden de alto al fuego” ante una supuesta invasión enemiga. Mucha épica… y poca credibilidad.
La declaración llega apenas días después de la operación militar estadounidense “Resolución Absoluta”, ejecutada el 3 de enero en Caracas. Durante esa acción, más de 150 helicópteros estadounidenses penetraron el espacio aéreo venezolano sin encontrar resistencia efectiva, mientras unidades militares eran neutralizadas y la escolta personal de Maduro quedaba desarticulada. La defensa antiaérea, simplemente, brilló por su ausencia.
Una semana después de aquel golpe demoledor, el Minfar reaparece con frases recicladas del manual de guerra fría, asegurando que “vale más morir que caer prisionero” y que jamás se dará un alto el fuego si eso implica rendirse ante el enemigo. Palabras duras, sí, pero dichas desde la comodidad de un teclado y no desde un teatro de operaciones real.
Como era de esperar, la maquinaria propagandística del régimen también se activó fuera de la Isla. La embajada de Cuba en Francia desempolvó una frase de Fidel Castro sobre no aceptar amenazas ni intimidaciones. Otra cita vieja para un miedo nuevo. Cuando el presente asusta, el castrismo siempre corre a esconderse detrás del pasado.
La reacción dentro de Cuba no se hizo esperar. Muchos cubanos respondieron con escepticismo, ironía y críticas abiertas, cuestionando la capacidad real del régimen para enfrentar una guerra moderna. Las consignas revolucionarias, dijeron, no detienen drones, ni misiles de precisión, ni guerra electrónica.
La comparación fue inevitable. Un arsenal cubano obsoleto, anclado en tecnología soviética de hace medio siglo, frente a la maquinaria militar más avanzada del planeta. Para muchos, hablar de resistencia en estos términos raya en lo absurdo. Otros fueron más duros: lamentaron que el régimen siga vendiendo heroicidad mientras se niega a aceptar que el mundo cambió… y ellos no.







