Régimen cubano reparte fusiles viejos al pueblo para celebrar el Día Nacional de la Defensa

Redacción

Mientras la administración Trump deja claro que no descarta ampliar su presión política en el Caribe tras la captura de Nicolás Maduro, y Cuba se hunde cada día más en una crisis energética y económica sin fondo, el régimen decidió responder como siempre: con propaganda militar, consignas rancias y actos para aplaudirse a sí mismos.

Este sábado arrancó el llamado Día Nacional de la Defensa, una puesta en escena pensada para convencer —al menos dentro del aparato oficial— de que la Isla está lista para enfrentar “cualquier agresión imperialista”. El problema es que la realidad no acompaña al libreto.

El MINFAR vuelve a repetir en sus textos y publicaciones que la defensa es una “misión de combate desde los primeros momentos, con todo el pueblo”. En redes estatales y medios oficialistas se reciclan consignas que parecen sacadas de un manual soviético empolvado: que si la defensa es inquebrantable, que si el pueblo no conoce el miedo, que si la trinchera está en cada barrio y en cada corazón.

Las imágenes hablan más que los discursos. Uniformados revisando fusiles AKM oxidados, máscaras antigás que parecen piezas de colección y ametralladoras que harían llorar a cualquier museo militar serio. Civiles posando con armas cortas en terrenos arenosos completan la escena, como si se tratara del casting de una película de bajo presupuesto ambientada en la Guerra Fría.

Lejos de transmitir fortaleza real, la parafernalia bélica exhibida refuerza la sensación de anacronismo. Más que preparación militar, lo que se ve es un ritual propagandístico que intenta tapar grietas cada vez más evidentes.

Todo esto ocurre, además, en un momento especialmente incómodo para las Fuerzas Armadas cubanas. La reciente operación estadounidense en Venezuela, que terminó con la captura de Nicolás Maduro, dejó alrededor de 32 militares cubanos muertos mientras custodiaban al dictador. Un golpe duro, aunque el régimen intente maquillarlo con silencio y consignas.

Desde Washington, el mensaje ha sido claro: tras lo ocurrido en Venezuela, nadie duda del alcance del poder militar estadounidense en la región. En ese contexto, mencionar a Cuba dentro de su mapa geoestratégico ha puesto nerviosa a más de una oficina en La Habana.

En la práctica, el Día de la Defensa puede servir para reforzar la disciplina interna y mantener cohesionada a la maquinaria política, pero fuera del ecosistema de la propaganda convence a muy pocos. Es fácil gritar que no se conoce el miedo cuando se desfila con armas de museo, mientras el pueblo pasa apagones, cocina con leña y busca medicinas como si fueran oro.

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