La Embajada de Estados Unidos en La Habana comenzó a cancelar visas de reunificación familiar que ya habían sido otorgadas a ciudadanos cubanos, desatando angustia, confusión y rabia entre familias que creían tener el camino despejado hacia el reencuentro.
En redes sociales ya circulan imágenes de las notificaciones enviadas por la sede diplomática, donde se informa de manera escueta que las visas han quedado invalidadas, incluso en casos que estaban aprobados desde antes del cambio normativo. Para muchos, el sueño duró lo mismo que un apagón anunciado.
La medida forma parte del endurecimiento de la llamada Travel Ban, que ahora amplía sus restricciones a familiares directos de ciudadanos estadounidenses. Semanas atrás, el cerco ya se había cerrado para los parientes de residentes permanentes, y ahora el golpe alcanza a padres, hijos y cónyuges.
Desde inicios de enero de 2026, solicitantes cubanos con visas de reunificación, incluida la categoría IR5, han recibido correos oficiales donde se les notifica que sus documentos dejan de ser válidos, sin derecho a apelación ni revisión. Todo queda cerrado de un plumazo.
Las autoridades consulares explican que la decisión se ampara en la Proclamación Presidencial 10998, sustentada en la sección 212(f) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que faculta al gobierno estadounidense a restringir la entrada de nacionales de países considerados de alto riesgo.
En esa lista aparecen Cuba, Venezuela, Nicaragua y Haití, países marcados por el colapso institucional, la migración descontrolada y, en el caso cubano, una dictadura que ha convertido la emigración en válvula de escape permanente.
La proclamación, presentada como una medida de seguridad nacional, ha terminado anulando visas de inmigrante que ya habían sido concedidas, dejando a familias partidas otra vez, sin fecha ni garantías para volver a intentarlo.
Las notificaciones enviadas por la Embajada son claras y frías: la visa queda cancelada y no existe posibilidad de apelación. Tampoco se concederán Excepciones de Interés Nacional, cerrando cualquier resquicio legal para reconsiderar los casos.
A esto se suma otro golpe para quienes aspiran a visas temporales. Desde el 21 de enero, los cubanos que soliciten visas B1 o B2 deberán pagar una fianza de hasta 15.000 dólares como condición adicional para entrar a Estados Unidos.
El requisito forma parte de la ampliación del programa de fianzas migratorias, que ahora incluye a 38 países, y busca reducir el número de personas que permanecen en EE.UU. más allá del tiempo autorizado. En la práctica, se convierte en un muro económico casi imposible de escalar para la mayoría de los cubanos.
El pago de esa fianza no garantiza la aprobación de la visa y solo se devuelve si el solicitante cumple estrictamente todas las condiciones, incluido regresar a Cuba en el plazo establecido. Una ironía amarga para quienes precisamente intentan huir de un país sin futuro.
Además, los beneficiarios deberán entrar y salir por aeropuertos específicos, y cualquier incumplimiento puede significar la pérdida del dinero o la negación inmediata de entrada.
Aunque las restricciones provienen de Washington, el origen del drama sigue estando en La Habana. Si Cuba no fuera un Estado fallido, controlado por un régimen que empuja a su gente al exilio, ninguna de estas medidas existiría. El castrismo no solo expulsa a los cubanos: también los deja atrapados en medio del fuego cruzado, pagando el precio de una crisis que no provocaron, pero que siguen sufriendo en carne propia.










