El canciller del régimen cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, salió este domingo a apagar el incendio provocado por un mensaje de Donald Trump en Truth Social, donde el presidente estadounidense acusó a La Habana de haber vivido durante años del petróleo y el dinero venezolano a cambio de “servicios de seguridad” para blindar a Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Fiel al libreto oficial, Rodríguez recurrió a su cuenta en X para negar lo que durante años fue un secreto a voces. Aseguró que Cuba “nunca ha recibido compensación monetaria ni material” por servicios de seguridad prestados a otros países y trató de marcar distancia moral acusando a Estados Unidos de mercenarismo, chantaje y coerción militar. El problema es que las consignas no borran la historia ni las evidencias.
La reacción del canciller buscó desmentir directamente a Trump, quien afirmó que muchos de los cubanos desplegados en Venezuela murieron tras el ataque estadounidense en Caracas y que, a partir de ahora, no habrá más petróleo ni dinero para Cuba. Un mensaje demoledor para una economía que lleva años respirando gracias al oxígeno venezolano.
Rodríguez Parrilla insistió en que Cuba tiene derecho a mantener relaciones comerciales sin “interferencia” de Washington y aseguró que “el derecho y la justicia” están del lado del régimen. Una afirmación que suena hueca cuando la Isla enfrenta apagones eternos, escasez crónica y una dependencia energética que ya nadie puede ocultar.
En un giro ya conocido, el canciller atacó a Estados Unidos calificándolo de “hegemón criminal y descontrolado”, culpándolo de amenazar la paz mundial. El viejo recurso de mirar hacia afuera cuando el problema está dentro. Mucho discurso épico, pero ninguna explicación creíble sobre décadas de presencia cubana en los aparatos de seguridad venezolanos.
Este cruce de declaraciones ocurre en un momento especialmente delicado, tras la operación militar estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro, el principal sostén político y económico del castrismo en los últimos años. Sin Caracas, La Habana queda peligrosamente desnuda.
Fuentes diplomáticas confirman que Washington mantiene a Cuba bajo lupa, investigando su posible implicación directa en las redes de seguridad del chavismo, y no descarta nuevas sanciones. Mientras tanto, en La Habana el régimen intenta proyectar fortaleza con ejercicios militares y llamados a la “unidad”, aunque puertas adentro el miedo se siente.
La respuesta de Bruno Rodríguez, más que firmeza, deja ver urgencia y nerviosismo. Es el intento de controlar daños ante un escenario inédito: sin Maduro, sin petróleo y con Estados Unidos apretando el cerco. Cuba repite que resiste, pero esta vez el golpe no es retórico. Se siente. Y duele.










