El buque petrolero Ocean Mariner entró este viernes a la bahía de La Habana con unos 86.000 barriles de combustible procedentes de México, vendidos como si fueran la gran tabla de salvación para una Isla que vive a oscuras. En la práctica, el cargamento apenas alcanza para maquillar una crisis energética que el régimen no ha sabido —ni querido— resolver.
La nave, con bandera de Liberia, salió semanas atrás del complejo Pajaritos, propiedad de Pemex, en el sur mexicano, y terminó atracando en La Habana en medio de apagones que superan las 20 horas diarias en buena parte del país. Mucho ruido, muchas fotos oficiales… y poca luz en los hogares.
Desde la mañana del sábado comenzó la descarga del combustible en la refinería Ñico López, en Regla. Allí, donde la propaganda siempre promete milagros, la realidad vuelve a imponerse: este envío no cubre ni un solo día completo del déficit energético cubano. Es un curita para una herida que lleva años supurando.
El Ocean Mariner no llegó solo en esta novela. Junto al Eugenia Gas, forma parte de una cadena de envíos que México ha mantenido hacia Cuba en los últimos años. Ayuda “solidaria”, dicen unos. Oxígeno político para un régimen en crisis, dicen otros. Y la verdad suele estar más cerca de lo segundo.
El contexto no puede ser peor. Cuba atraviesa su peor crisis energética en décadas, arrastrada por termoeléctricas viejas, mal mantenidas y una escasez crónica de divisas para comprar combustible en serio. En apenas un año, el Sistema Eléctrico Nacional ha colapsado totalmente cinco veces. Cinco. Y eso sin contar los apagones parciales que ya son parte del paisaje cotidiano.
Las cifras oficiales, siempre dichas a medias, confirman el desastre. La Isla necesita alrededor de 110.000 barriles diarios para cubrir lo básico. De eso, unos 40.000 salen de la producción nacional, el resto hay que importarlo. Y más del 60% del combustible que se consume en Cuba viene de fuera, con casi dos tercios destinados a mantener vivas las termoeléctricas.
Durante años, Venezuela fue el gran sostén petrolero del régimen cubano, enviando cerca de 50.000 barriles diarios. Pero desde 2024 ese flujo se ha desplomado, cayendo a cifras que rondan entre 10.000 y 30.000 barriles, según estimaciones independientes. Ni Caracas ni La Habana publican datos claros, porque la opacidad es parte del modelo.
A esto se suma el nuevo escenario internacional. La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y las intercepciones de buques sancionados han puesto en jaque el suministro venezolano. El propio Donald Trump aseguró que el gobierno cubano está “a punto de caer” sin el petróleo de Caracas, una afirmación







