El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, volvió a prender la candela en América Latina en medio del terremoto geopolítico que dejó la captura militar del dictador venezolano Nicolás Maduro. Cuando todavía la región intenta digerir ese golpe histórico, Trump soltó otra frase que cayó como una granada en La Habana.
Desde su cuenta en Truth Social, el mandatario republicano compartió un mensaje de un usuario que sugería, medio en broma y medio en serio, que Marco Rubio podría ser “presidente de Cuba”. Lejos de ignorarlo, Trump reaccionó con un comentario corto, pero explosivo: “Me suena bien”. Y con eso bastó para que el post se volviera viral.
El mensaje original había sido publicado el 8 de enero por un usuario identificado como Cliff Smith, quien se define en redes como un conservador californiano. La publicación, acompañada de un emoji riéndose, planteaba un escenario impensable para el castrismo: un político estadounidense, hijo de inmigrantes cubanos y enemigo declarado de las dictaduras de La Habana y Caracas, al frente de Cuba.
Trump no dio explicaciones ni aclaró si se trataba de una simple reacción impulsiva o de algo más profundo. Pero su respaldo público fue suficiente para desatar especulaciones, titulares y, sobre todo, nerviosismo en el régimen cubano, que ya anda caminando sobre hielo fino.
El comentario llega en un momento particularmente delicado para La Habana. Tras la operación estadounidense del 3 de enero en Venezuela, que terminó con Maduro capturado y dejó decenas de militares venezolanos y cubanos muertos, Washington ha subido la presión política y diplomática en toda la región. Y Cuba, como era de esperar, está en el centro del huracán.
Este domingo, Trump fue aún más directo y lanzó una advertencia sin anestesia al gobierno cubano. Recordó los lazos históricos con Caracas y exigió que La Habana “llegue a un acuerdo” con Estados Unidos antes de que sea demasiado tarde, justo cuando las sanciones aprietan y el petróleo venezolano —el salvavidas del régimen— se ha cortado.
El mensaje fue claro, casi brutal. Trump dejó caer que no habrá más petróleo ni dinero para sostener a Cuba, y recomendó al gobierno cubano negociar mientras todavía tenga margen. Traducido al cubano de a pie: se acabó la fiesta, y ahora viene la cuenta.
Mientras el régimen responde con consignas y llamados al sacrificio, desde afuera el cerco se cierra. Y aunque la idea de Marco Rubio como presidente de Cuba suene hoy a provocación o a chiste político, el simple hecho de que Trump la valide públicamente dice mucho del momento histórico que atraviesa el castrismo. Cuando el poder se debilita, hasta los escenarios antes impensables empiezan a parecer posibles.







