El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a subir la presión este sábado y apuntó sin rodeos al régimen cubano. Su mensaje fue claro y sin anestesia: se acabó el petróleo y se acabó el dinero que venía de Venezuela, y La Habana haría bien en negociar antes de que la situación empeore todavía más.
La advertencia, publicada en su red Truth Social, llega apenas una semana después de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores durante la operación militar estadounidense en Caracas, un golpe que cambió el mapa político regional y dejó al régimen cubano expuesto, aislado y sin su principal sostén externo.
“Durante años Cuba vivió de enormes cantidades de petróleo y dinero venezolano”, escribió Trump, recordando que ese apoyo no fue gratis. A cambio, según el mandatario, La Habana envió aparatos de seguridad y represión para blindar a los últimos dictadores del chavismo. “Pero eso se terminó”, sentenció.
Trump fue aún más lejos al afirmar que la mayoría de los agentes cubanos involucrados murieron durante el ataque de la semana pasada, una declaración que golpea directamente la narrativa oficial del régimen y confirma el costo real de su intervención en Venezuela.
El presidente estadounidense aseguró además que Venezuela ya no necesita “matones ni extorsionadores” enviados desde La Habana y proclamó que, a partir de ahora, Estados Unidos asumirá la protección del pueblo venezolano. El mensaje no fue solo simbólico, sino una señal de dominio político y militar en la región.
La advertencia cerró con una frase que en La Habana debe haber caído como un cubo de agua fría: “Les recomiendo que hagan un trato antes de que sea demasiado tarde”. Un ultimátum elegante, pero contundente.
El pronunciamiento se produce en el momento de mayor tensión entre Washington y el régimen cubano en décadas. Funcionarios estadounidenses han dejado entrever que podrían venir nuevas sanciones si se confirma el alcance real de la presencia militar y de inteligencia cubana en Venezuela.
Mientras tanto, el gobierno de Miguel Díaz-Canel responde como sabe: más consignas, más uniformes y más teatro militar. Desde el viernes, el Ejército Central activó los ejercicios del llamado “Día Nacional de la Defensa”, vendidos como una demostración de unidad frente a supuestas amenazas externas.
Pero puertas afuera, el espectáculo no convence a nadie. Analistas coinciden en que el discurso desafiante del régimen choca de frente con una realidad marcada por apagones, escasez, crisis energética y un aislamiento internacional cada vez más evidente.
“El mensaje de Trump es claro: el cerco se está cerrando”, comentó un diplomático latinoamericano citado por medios internacionales. “Y esta vez, Cuba no tiene a nadie que salga a rescatarla”.
Sin petróleo venezolano, sin padrinos geopolíticos fuertes y con una economía al borde del colapso, el régimen cubano enfrenta uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La pregunta ya no es si la presión aumentará, sino cuánto tiempo podrá sostenerse La Habana solo con discursos y miedo.







