El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, lanzó este domingo un mensaje directo al mentón del régimen cubano y lo dejó claro desde la primera línea: se acabó el petróleo y se acabó el dinero que llegaba desde Venezuela, un salvavidas que La Habana exprimió durante años para mantenerse a flote.
Desde su red social Truth Social, Trump no anduvo con rodeos. Aseguró que Cuba no recibirá ni una gota más de crudo ni un centavo venezolano, y remató con una advertencia que sonó más a ultimátum que a consejo: sería mejor que el gobierno cubano se siente a negociar antes de que sea demasiado tarde.
En su publicación, el mandatario recordó algo que el castrismo siempre ha intentado maquillar. Durante décadas, la economía cubana dependió en gran medida del petróleo y los recursos financieros de Venezuela, entregados a cambio de servicios de seguridad para proteger a Hugo Chávez primero y a Nicolás Maduro después. Un intercambio político disfrazado de “solidaridad revolucionaria”.
Ese esquema, según Trump, se vino abajo tras la captura de Maduro y la muerte de decenas de militares cubanos durante la operación militar liderada por Estados Unidos en Caracas. Un golpe doble para La Habana: perdió a su principal aliado y quedó expuesta su implicación directa en el aparato de seguridad del chavismo.
La advertencia llega en uno de los momentos más tensos entre Washington y La Habana en décadas. Las relaciones están en su punto más crítico, justo cuando el régimen cubano atraviesa una crisis energética brutal, una economía en ruinas y un malestar social que ya no cabe debajo de la alfombra.
Analistas coinciden en que el mensaje de Trump busca apretar aún más el cerco sobre un régimen debilitado, que ya no cuenta con el respaldo venezolano y enfrenta apagones interminables, falta de divisas y un desgaste político evidente. Sin petróleo barato, el discurso épico se queda sin combustible.
Desde Washington también se ha insistido en que Cuba debe buscar un acuerdo si quiere evitar un aislamiento todavía mayor y sanciones más duras. Trump sostiene que Venezuela ya no necesita apoyo externo porque ahora estaría bajo la protección directa del ejército estadounidense, al que calificó como el más poderoso del planeta.
Las consecuencias para la Isla son inmediatas. La economía cubana es extremadamente vulnerable a la escasez de energía, y la desaparición del petróleo venezolano amenaza con profundizar los apagones, paralizar sectores clave y asfixiar aún más las finanzas del Estado. El golpe no es teórico; se siente en la calle.
Aunque Cuba lleva años bajo embargo estadounidense, el crudo venezolano era una pieza clave de su supervivencia energética. Sin ese respaldo, el margen de maniobra del régimen se reduce peligrosamente.
Estados Unidos ha enmarcado estas medidas dentro de una reconfiguración estratégica regional tras la caída de Maduro, con el objetivo de desmontar redes de apoyo a gobiernos autoritarios y forzar cambios políticos. Cuba, esta vez, no está mirando desde la grada: está en el centro del tablero.
Desde La Habana, la respuesta ha sido la de siempre. Rechazo, consignas, llamados a la resistencia y discursos sobre “unidad nacional” frente a amenazas externas. Pero detrás de la retórica, el régimen sabe que el panorama es oscuro.
La combinación de crisis energética, pérdida de aliados y advertencias directas desde la Casa Blanca coloca al gobierno de Miguel Díaz-Canel ante un escenario inédito de aislamiento y fragilidad. El castrismo insiste en que resiste, pero con el grifo cerrado y el cerco apretando, la prueba ahora es de supervivencia real, no de discurso.










