El régimen cubano volvió a subir el volumen del discurso militar, ese que siempre aparece cuando la presión externa aprieta y la crisis interna se sale de control. Esta vez fue el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias quien lanzó una advertencia grandilocuente desde su página oficial de Facebook, apelando al viejo libreto del miedo y la resistencia eterna.
Según el mensaje, cualquier agresor que intente “apoderarse del país” pagaría un precio altísimo, porque Cuba estaría convertida en una “trampa para todo invasor y para todos los tiempos”. La frase, cargada de épica reciclada, parece sacada de un manual de consignas que lleva décadas sin actualizarse.
El comunicado insiste en que el país rechaza el “culto a la violencia”, pero acto seguido defiende la llamada “guerra de todo el pueblo” como una guerra necesaria, casi sagrada, para preservar los supuestos derechos nacionales. Todo ello envuelto en la afirmación de que el ejército cubano mantiene un “elevado código ético”, una idea que choca de frente con la realidad de represión, cárceles llenas y ciudadanos vigilados.
El mensaje no surge en el vacío. Llega justo cuando Donald Trump lanzó una advertencia directa al régimen de Miguel Díaz-Canel, dejando claro que el tiempo para llegar a un acuerdo se está acabando y que las consecuencias podrían ser serias. En lugar de responder con política o reformas, La Habana responde como siempre: con amenazas, uniformes y consignas.
Mientras tanto, el país real va por otro carril. Apagones interminables, escasez de alimentos, transporte colapsado y una tensión social que se palpa en la calle. En ese contexto, el discurso del MINFAR no busca defender a la población, sino cerrar filas dentro del poder y vender una imagen de fortaleza que ya no convence ni a los suyos.
El régimen vuelve a refugiarse en el fantasma de la invasión extranjera porque no tiene respuestas para el desastre interno que ha provocado. Hablan de guerra mientras la gente pelea por un pedazo de pan. Prometen resistencia eterna mientras millones de cubanos hacen maletas.
Al final, el mensaje no es para Washington. Es para el pueblo cubano, al que intentan asustar una vez más para que no mire hacia arriba, no proteste y no exija cuentas. Pero repetir amenazas no tapa apagones, ni llena la nevera, ni detiene el desgaste de un poder que cada día se ve más solo.
Mucho ruido militar, sí. Pero cada vez menos control sobre una realidad que ya no obedece consignas.










