El Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias volvió a sacar músculo en redes sociales, o al menos eso intentó. En una publicación reciente aseguró que “el enemigo no tendrá ni un metro cuadrado donde pueda estar seguro” y que en Cuba cualquiera que intente entrar “volará con una mina o caerá en una emboscada que lo aniquile”. Traducido del lenguaje épico al real: amenazas gruesas desde un país a oscuras.
El mensaje, acompañado por la imagen de un militar disparando una ametralladora en un entorno rural, insiste en que “todo medio sofisticado es vulnerable” y que no existe tecnología capaz de derrotar a la llamada “resistencia popular”. Según el Minfar, frente a la guerra moderna bastan la valentía, la conciencia revolucionaria y la inteligencia del combatiente. Ni chips, ni satélites, ni misiles de precisión. Ideología contra drones. Suerte con eso.
Horas después, el propio ministerio redobló la apuesta. En otra publicación afirmó que la “guerra de todo el pueblo” garantiza que ningún rincón del país quede desprotegido y que no habrá frente ni retaguardia, porque el enemigo estará en todas partes. La imagen que acompaña el texto muestra a varios uniformados observando mientras un oficial manipula una mina antipersonal. El mensaje es claro: más miedo que estrategia.
Todo este despliegue discursivo ocurre en medio de una etapa de preparación militar semanal anunciada tras el Día Nacional de la Defensa. A partir de ahora, según el régimen, los sábados estarán dedicados a actividades militares, políticas e ideológicas, con la participación de milicias, reservistas y población civil. En la práctica, más presión sobre una gente agotada, mal alimentada y sobreviviendo entre apagones.
Las imágenes difundidas en estos días muestran fusiles soviéticos, ejercicios básicos de tiro y entrenamientos rurales bajo consignas de “defender cada palmo del suelo patrio”. Escenas que parecen sacadas de un archivo de los años 60, pero presentadas como respuesta a un escenario internacional marcado por la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses.
El contraste no podría ser más brutal. Mientras el Minfar presume minas, emboscadas y armas heredadas de la Guerra Fría, Estados Unidos avanza en la modernización de su aparato militar. Bajo la dirección del secretario de Guerra Pete Hegseth, Washington impulsa la campaña “Arsenal de la Libertad 2026”, centrada en tecnología de punta, nuevos portaaviones y armamento de última generación. Dos mundos distintos, separados por décadas… y por la realidad.
La diferencia también se nota en el uso de drones. En Estados Unidos forman parte central de la estrategia de defensa. En Cuba, se usaron en ejercicios simbólicos y propagandísticos durante el Día Nacional de la Defensa, más útiles para grabar videos que para enfrentar un conflicto real.
Las publicaciones del Minfar no pasaron inadvertidas en redes sociales. Aunque cuentas oficiales y perfiles afines repitieron consignas sobre el deber patriótico, la mayoría de las reacciones fueron críticas o abiertamente burlonas. Muchos cubanos señalaron que el régimen habla de sacrificio mientras los hijos y nietos de la cúpula viven y estudian en países capitalistas. Otros recordaron que el verdadero enemigo no está fuera, sino dentro, en un poder que tiene a la población pasando hambre.
No faltaron las ironías sobre el armamento. Comentarios preguntando con qué piensan pelear, si con armas de los años 60, o recordando que Venezuela usaba exactamente el mismo discurso antes de su colapso. También hubo mensajes más directos, calificando la puesta en escena como un circo y reclamando un cambio político real, con libertades civiles y económicas.







