Régimen anuncia desfiles, concentraciones y marchas en toda Cuba para recibir los restos de los 32 militares muertos en Venezuela

Redacción

El régimen cubano anunció que este jueves 15 de enero llegarán a La Habana los restos mortales de los 32 militares cubanos muertos en Venezuela durante el operativo que terminó con la captura de Nicolás Maduro. La repatriación no será discreta ni familiar. Será un acto político cuidadosamente coreografiado, cargado de simbolismo ideológico y propaganda.

En una nota oficial del Partido Comunista, la dictadura calificó lo ocurrido como un “criminal ataque” del gobierno de Estados Unidos y volvió a desempolvar la narrativa de hermandad inquebrantable entre La Habana y Caracas. El mensaje es el de siempre: culpar al enemigo externo y blindar la unidad interna, aunque el costo sea el silencio y la manipulación.

“El jueves 15 de enero de 2026 arribarán a la Patria los restos mortales de los 32 combatientes caídos heroicamente”, dice el comunicado, repitiendo el libreto épico mientras evita explicar por qué soldados cubanos estaban combatiendo en territorio venezolano y bajo qué órdenes.

La ceremonia arrancará en el Aeropuerto Internacional José Martí con honores militares y seguirá por la Avenida Rancho Boyeros hasta el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. A ambos lados del recorrido, una supuesta “representación del pueblo” será colocada estratégicamente para cumplir su papel: aplaudir, llorar y legitimar el discurso oficial.

Desde la mañana de ese mismo jueves, el MINFAR abrirá sus puertas para una capilla ardiente. Al día siguiente, el viernes 16, la maquinaria propagandística subirá de nivel con una concentración en la Tribuna Antimperialista y el inicio de la llamada Marcha del Pueblo Combatiente. Todo perfectamente sincronizado, todo transmitido por la televisión estatal, todo diseñado para convertir una tragedia en consigna.

Habrá homenajes simultáneos en todas las provincias y entierros con honores en los panteones de los Caídos por la Defensa. El Partido Comunista cerró su publicación con el eslogan de rigor: “¡Honor y gloria a nuestros héroes!”, una frase repetida tantas veces que ya no tapa las preguntas incómodas.

El anuncio llega pocos días después de la visita silenciosa del canciller Bruno Rodríguez a Venezuela. Sin comunicado previo ni cobertura oficial, fue el propio ministro quien reveló el viaje en redes sociales. Allí participó en un acto junto a Delcy Rodríguez, hoy presidenta encargada, donde habló de sangre compartida y naciones hermanas, mientras se otorgaban ascensos póstumos y condecoraciones.

Lo que no se ha dicho es lo más importante. No hay una explicación clara sobre cómo murieron esos 32 cubanos, qué función cumplían, ni por qué su presencia en Venezuela fue manejada con absoluto hermetismo. Las familias han recibido banderas y consignas, pero no respuestas.

El operativo estadounidense, que Washington justificó como una acción urgente para evitar una catástrofe humanitaria, provocó el colapso del chavismo y abrió un proceso de transición en Caracas. Para La Habana, sin embargo, el foco no está en los hechos, sino en construir un relato de sacrificio útil para el consumo interno.

No es la primera vez. Angola, Etiopía, Nicaragua. La historia se repite. El régimen convierte muertos en símbolos, ataúdes en discursos y dolor en propaganda. Mientras tanto, el país sigue hundido en apagones, hambre y miseria.

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