El Banco Metropolitano de Cuba anunció la habilitación de nuevos canales bancarios para que Mipymes, cooperativas no agropecuarias y otros actores no estatales puedan solicitar la compra de divisas, amparados en las resoluciones 127 y 128 de 2025 del Banco Central de Cuba. La medida ha sido presentada por la prensa oficial como otro paso dentro de las llamadas “transformaciones del mercado cambiario”, aunque en la práctica refuerza el control absoluto del Estado sobre el acceso a la moneda fuerte.
El anuncio intenta vender la idea de una apertura, pero lo que realmente se consolida es un sistema de permisos, límites y filtros, donde el régimen decide quién puede comprar divisas, cuánto puede adquirir y cada cuánto tiempo. No hay mercado, hay ventanilla. Y detrás de la ventanilla, el mismo Estado que provocó el desastre económico actual.
Según explicó el Noticiero Nacional de Televisión, todas las operaciones deberán realizarse de forma bancarizada. El pago se hará en pesos cubanos desde la cuenta fiscal del solicitante y, si el banco lo autoriza, el monto aprobado se acreditará en una cuenta en divisas. Antes de eso, la entidad financiera revisará identidad, legalidad de las cuentas y trazabilidad de los fondos, bajo los estrictos protocolos del Banco Central.
El Banco Metropolitano dejó claro que la venta de divisas será apenas una vez al mes y bajo topes muy rígidos. El monto máximo dependerá del 50 % del promedio de ingresos en la cuenta fiscal durante los últimos tres meses, dividido entre la tasa de cambio del Segmento III, conocida como la “tasa flotante” oficial. Todo calculado, vigilado y aprobado desde arriba.
Para colmo, las solicitudes solo podrán tramitarse por la plataforma digital Metropolitano en Línea, y aun así el banco se reserva el derecho de rechazar o posponer operaciones por “disponibilidad” o “prioridades económicas”, un eufemismo que en Cuba siempre significa discrecionalidad política.
Aunque el Banco Central intenta presentar el mecanismo como un avance hacia la normalización cambiaria, los números revelan lo contrario. Con la tasa flotante fijada este 13 de enero de 2026 en 413 pesos por dólar y 482.22 por euro, incluso una Mipyme con ingresos relativamente altos apenas podrá acceder a unos pocos cientos de dólares mensuales, siempre que el banco diga que sí y haya divisas disponibles.
En la práctica, ese acceso es simbólico. No alcanza para importar, no sirve para pagar proveedores internacionales y no garantiza estabilidad operativa. Es una gota en el desierto para negocios que operan en una economía dolarizada de facto, pero condenados a sobrevivir en pesos cubanos devaluados.
Lejos de estimular la productividad, el modelo impone un techo artificial que ata al sector privado a la voluntad del aparato estatal. El mensaje es claro: puedes producir, pero no crecer. Puedes facturar, pero no decidir. Puedes existir, pero bajo control.
Aunque las resoluciones hablan de un “nuevo diseño del mercado cambiario”, lo que se ha implantado es un sistema administrado de asignación de divisas, muy similar al viejo esquema de cupos y autorizaciones que el régimen ha usado durante décadas. Los bancos estatales concentran el poder de aprobar o negar compras, fijar montos y aplicar márgenes adicionales.
El acceso se extiende a cooperativas no agropecuarias, trabajadores por cuenta propia y otros actores con personalidad jurídica no estatal, siempre que estén perfectamente alineados con los requisitos del Banco Central. Mientras tanto, las empresas estatales y los proyectos controlados directamente por el poder siguen operando en otro carril, con privilegios que el sector privado no toca ni con un palo.
Esta medida llega poco después de la entrada en vigor del Decreto-Ley 113/2025, que oficializó la dolarización parcial de la economía cubana y enterró definitivamente el fracasado Ordenamiento Monetario. El régimen reconoce así que el peso cubano no sirve, pero aun así se niega a liberar el acceso real a la divisa.
En lugar de un mercado abierto, se impone un sistema de segmentación financiera que profundiza la desigualdad y concentra las oportunidades en quienes tienen mejores relaciones, mayor capacidad de gestión bancaria o simple suerte política. Mientras tanto, el mercado informal del dólar —mucho más caro que la tasa oficial— seguirá marcando los precios reales de la economía.







